Jueves 27 DE Junio DE 2019
Opinión

Llanto en silencio…

Dentro de una soledad cautiva en el diario vivir, experimentamos nuestros sentimientos más intensos, enfrentando los miedos que separan la realidad de nuestro idealismo y fantasías…

Fecha de publicación: 16-03-19
Por: Carlos A. Rodas Minondo

 

Nunca nos dijeron que la vida nos presentaría una realidad bastante diferente a lo que un día como niños percibimos en nuestro aprendizaje y experiencia de vida. Agradecemos la oportunidad de nacer y crecer en una familia unida y con valores en nuestra formación, que no todos tiene la bendición de tenerla.

La imagen de la Autoridad, de lo bueno y lo malo de forma idealista, pero distorsionada por una cruda realidad en donde nos preguntamos, ¿quién es el bueno ?, ¿quién es el malo?, eso no es lo que me contaron, ni lo que aprendí.

Cuando nos formaron con una idea de un mundo cimentada en valores verdaderos, valores de vida, valores de bien y de buenas prácticas, nos enfrentamos a una realidad muy diferente, de un mundo víctima y confundido por otros valores.

La vida nos presenta su lado bonito, pero también su lado oscuro. De nosotros depende vivirla como víctima o como protagonista, bajo valores de vida o bajo valores de muerte, al final siempre irremediablemente se aplicará la ley de la siembra y la cosecha y la justicia y la verdad tarde o temprano, siempre ganarán.

Tenemos que entender que lo que sembramos vamos a cosechar, y que las cosas en donde no tenemos control y no dependen de nosotros, no las podemos cambiar. Aprendemos que el amor, la lealtad y la fidelidad no se compran, que la confianza cuesta ganarla, pero se pierde en un abrir y cerrar de ojos. Aprendemos que la verdadera riqueza se encuentra en la amistad, en la salud y en la unión de la familia.

Nuestro compromiso como hombres si tenemos una familia, es ser la guía y dirección espiritual y ejemplo para nuestros hijos. Queremos como objetivo sacarlos adelante y que sean hombres o mujeres de bien, y que sean felices en cualquier cosa que decidan hacer en su vida. Damos las bases y ellos sabrán volar solos y enfrentarse a la vida.

Prepararlos para la vida es lo importante, con un poco de hambre y un poco de frío para que puedan manejar los altibajos normales de la vida y esa sensibilidad humana para ser un amigo de verdad. Nos enseñaron que los hombres no lloran, en una cultura machista, que el sexo débil es la mujer, y muchas costumbres, tradiciones o creencias que no son las correctas.

El hombre no llora, creencia machista que naturalmente nos hace transmitir nuestra necesidad de llorar en un mal humor y mal genio, se transmite en enojo, nos enojamos en lugar de llorar. Escondemos un sentimiento de frustración o depresión, bajo una respuesta de agresividad y es difícil transmitir lo que de verdad sentimos, para no ser vulnerables emocionalmente. Nos educaron y aprendimos que los hombres son duros y la fragilidad emocional es de las mujeres.

En la vida debemos mantener esa fortaleza aparente ante nuestra familia, porque somos el pilar, la base donde se deben apoyar, debemos dar el ejemplo y no desfallecer. Así tenemos nuestros momentos con nosotros mismos, donde experimentamos un llanto en silencio, porque absorbemos los problemas de los nuestros y pretendemos darle solución o apoyo emocional, porque amamos a nuestra pareja, a nuestros hijos y nos duele cualquier cosa que les pueda afectar.

Un llanto en silencio, porque no podemos cambiar tanta injusticia en la sociedad, porque se mueren niños por desnutrición, por la violencia, porque queremos un mundo mejor, en donde se respete el derecho de todos por igual y se logre la paz.

Llega el momento que los hijos vuelan, y esos sentimientos encontrados, felices porque los apoyamos en sus sueños, pero tristes por ese vacío que dejan, porque son aún pequeños, son nuestros amores que se van y perdemos el control sobre su seguridad, sobre el resultado de sus actos, están lejos y solo nos queda pedirle a Dios por su bienestar y haber cosechado en ellos las bases adecuadas para el buen desarrollo y su felicidad, logrando su madurez y sabiduría en su experiencia de vida.

Un llanto en silencio, por superar nuestros miedos, por frustración, por decepción, por depresión, porque nuestro aporte no es suficiente para cambiar las cosas que quisiéramos cambiar, por la impotencia de lo que no podemos cambiar, y porque muchas veces no se comprende una actitud basada en un amor puro e incondicional…