Jueves 27 DE Junio DE 2019
Opinión

El bienestar psicológico es un asunto político

Incluso el propio bienestar mental implica la necesidad de unirse con los demás para crear una sociedad en la que la vida humana pueda florecer.

Fecha de publicación: 16-03-19
Por: Jorge Mario Rodríguez

Dentro de las preocupantes tendencias de la época actual destaca el aumento de los malestares psicológicos. Un estudio de la Organización Mundial de la Salud, citado en la revista Newsweek (edición en español del 22/7/2018) prevé que, para el 2020, la depresión será la segunda causa de discapacidad a nivel global y la primera en países “en desarrollo” como México. El artículo en cuestión resalta los aspectos clínicos y genéticos de esta enfermedad, sin apenas reparar en los aspectos ambientales que explican el aumento de esta. Se sugiere que la solución estriba en atender el problema de salud pública –actividad ya condenada al fracaso por las políticas estatales de austeridad.

Ahora bien, la generalidad de este problema no puede dejar de relacionarse con el impactante incremento de la precariedad en las sociedades contemporáneas. Así, una respuesta más que probable al incremento de este malestar radica en las agobiantes condiciones de vida de la sociedad neoliberal actual. El brillante crítico cultural Mark Fisher –quien se suicidó en el 2017– llegó a vincular su depresión con esa ideología que glorifica a los triunfadores y que culpa a las personas de su fracaso. Según Fisher, se tenía que luchar contra la privatización de la salud mental y convertirla en un asunto político –vale recordarlo, la esfera en la que se debaten los problemas de interés general.

Otros pensadores se han alineado con Fisher en su diagnóstico de las raíces de la depresión. Es plausible suponer que después de la crisis global del 2007-2008, el capitalismo se ha reinventado para aumentar la desigualdad y convertir en un infierno la vida cotidiana de las sociedades. Los (dis)valores del neoliberalismo se han incrustado como ideología funcional en la vida de las personas. De este modo, se responsabiliza al individuo de su cada vez más improbable éxito y su más que
probable fracaso.

Esta hipótesis parece confirmarse en el hecho cada vez más frecuente de que las personas encuentran el infierno en su propio trabajo. Esta realidad ha llegado a manifestarse en epidemias de suicidios –como fue el caso de Telecom en Francia. En sus múltiples publicaciones, Peter Fleming, profesor en la Universidad de Londres, denuncia el sadismo ejercido por supervisores y jefes. Sin duda, muchas actividades tan absorbentes como carentes de sentido, se multiplican en el ámbito laboral sin otro objetivo que recalcar quién tiene el mando.

Estas acciones irresponsables empeoran la situación de aquellos que quizás no han dormido pensando en el siguiente pago de la hipoteca. Fleming cita un estudio australiano que muestra que la probabilidad de encontrarse a un psicópata en el puesto de trabajo, a menudo como jefe, es la misma que la de encontrárselo en la cárcel –dato que quizás es peor en nuestro país. Esta situación, como es de esperar, no puede contrarrestarse con esas hipócritas “políticas” de promoción de la “felicidad” y el “bienestar” que ya se desarrollan en muchas empresas.

Las anteriores reflexiones muestran que la indiferencia política que nos inmoviliza solo implica ahondarnos más en la angustia de la precariedad. Incluso el propio bienestar mental implica la necesidad de unirse con los demás para crear una sociedad en la que la vida humana pueda florecer. En esta concientización, no se puede olvidar esa explotación que parece haberse estancado en el ámbito rural en donde durante siglos se ha perdido la vida de tanto ser humano anónimo.