Martes 19 DE Marzo DE 2019
Opinión

EE. UU. del Estado de bienestar al Estado de guerra

“Lo único a lo que debemos de tenerle miedo es al miedo mismo”.

— Fernando González Davison
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El libro “Franklin D. Roosevelt: A Political Life”, de Robert M. Dallek, sirve para entender cómo el Estado reactivó la economía y la estabilidad social de su país en los años de la gran depresión mundial iniciada en 1929. Roosevelt llegó a la presidencia en 1933 y sorteó la depresión con los consejos de John Keynes, en una época donde la intervención del Estado en Alemania, Italia y la Unión Soviética resolvía algunos problemas del deprimido capitalismo libre. Dallek esclarece también la transición del Estado de bienestar que impulsó Roosevelt a través de su política del Nuevo Trato, donde el Estado fue orientado a generar trabajo a lo largo del país, hasta llegar al Estado de guerra, nacido en la II Guerra Mundial, donde la economía y el empleo crecieron de manera espectacular con los subsidios estatales a la industria militar.

El libro de Dalleck también muestra a un hábil Roosevelt granjeándose la confianza de Stalin y Churchill. Dio amplios créditos a Londres a cambio de establecer bases militares en sus colonias, pues ya Roosevelt, que había sido subsecretario de la Marina, conocía bien la geopolítica de Alfred Thayer Mahan, que un poder naval para expenderse requería de las mismas, pensando así en sustituir el extenso poder colonial británico, que languidecía. Churchill lo aceptó con un mal menor.

Ya de joven político, Roosevelt propuso la idea de la “libertad de la comunidad”, que debía protegerse en lugar de proteger solo la “libertad individual”, al mostrar su desconfianza por el mito del libre mercado, debido a las constantes crisis financieras y bursátiles que afectaban a la sociedad de manera cíclica. Cuando la depresión de los años treinta dejó a millones sin empleo y sin esperanza, Roosevelt al ver a la gente con miedo, replicó diciendo que “lo único a lo que debemos de tenerle miedo es al miedo mismo” y se ganó al electorado.

También atacó a la élite a la que calificó de la “realeza económica”. Creó un populismo auténtico (no el de mentiras de algunos autócratas de hoy). Integró su equipo para diseñar el Nuevo Trato a empresarios conservadores, a planificadores económicos y a liberales creyentes del Estado de bienestar, y dieron un plan de país. Así, se construyeron presas, carreteras, precios de soporte para algunos productos agrícolas, pensiones para jubilados y discapacitados… y ayuda puntual y temporal para algunas familias muy pobres. Su objetivo prioritario, empero, era crear programas que dieran trabajo. Con la guerra vino el rearmamentismo bajo una forma de keynesianismo militar, con el apoyo del Congreso. Detrás de este estaba la industria y la banca pues el subsidio del Estado los iba a hacer prósperos, y generaría empleo y equilibrio social. Tras la invasión japonesa en Hawái en 1941 y luego que en Stalingrado se mostró que el Ejército alemán no era invencible, la alianza Washington-Londres suscribió la Carta del Atlántico y su lucha lucha común contra el fascismo. El Ejército soviético fue ayudado por Washington. Después de la muerte de Roosevelt y de la victoria aliada en 1945, asumió Truman la presidencia. Pero fue un desastre porque carecía del talento y los conocimientos de Roosevelt para negociar con Stalin. Truman no pudo darle confianza sobre el respeto en sus áreas de influencia acordada en Postdam entre las tres potencias ganadoras. En su lugar se plegó a la histeria anticomunista que favorecía los intereses de la industria, la banca y el Pentágono para continuar con un Estado de guerra permanente y se alentó la Guerra Fría contra “la Cortina de Hierro”, subsidiada por los impuestos del contribuyente. Es “el complejo militar-industrial” del que previno el presidente Eisenhower de sus peligros y despilfarros. A pesar que dicha guerra quedó atrás dicho complejo sigue allí, poderoso, generando el diez por ciento del empleo, involucrado en otras guerras y otras que vendrán. Allí un Estado interventor que, vía el Pentágono, subsidia a dicho complejo y a Silicon Valley también.

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