Jueves 17 DE Octubre DE 2019
Opinión

la cantina Mujer venerada, mujer marginada

Si perpetuamos estereotipos y exclusiones, Guatemala no crecerá.

Fecha de publicación: 11-03-19
Por: Dra. Mónica Stein Coronado

 

El rol de la mujer en Guatemala es curioso. En nuestro imaginario idealizamos a la mujer como madre, esposa, e hija abnegada, fuente infinita de amor, paciencia y cariño. A mucha honra, las mujeres podemos ser eso y mucho más. Sin embargo, la misma sociedad que idealiza a esa mujer la excluye, la discrimina y la castiga a través de sus normas, regulación, costumbres y prejuicios. Atrapada entre roles herméticos, sometida a condiciones y prácticas inequitativas, no se le permite llegar a su máximo potencial. Apuntalar el desarrollo de la mujer y la niña es indispensable, no solo porque es lo correcto, sino por simple sentido común. Marginar a la mitad de la población del país es una mala decisión económica y social. La mujer es de las mejores herramientas de competitividad para el país. Se estima que solamente 35 a 45 por ciento de la población femenina participa del mercado laboral formal. Dar acceso a la mujer a los recursos y apoyos necesarios para su formación incrementa la productividad económica del país a través de mano de obra calificada, emprendedoras exitosas, y tomadoras de decisiones informadas. La mujer también es base de nuestro tejido social. Una madre educada resulta en niños mejor nutridos, mejor educados y más sanos. Una niña educada tiene menos probabilidad de experimentar matrimonio y/o embarazo precoz, y mayor probabilidad de brindar a sus hijos futuros, cuando ella decida tenerlos, mejores oportunidades. Si la mujer crece como persona y profesional, todo el país florece.

A pesar de esto, evidenciamos grandísimas diferencias en la manera en que se trata al hombre y a la mujer. Ese pilar de la sociedad se vuelve blanco de violencia. Esa generadora de riqueza y bienestar es excluida y tratada como ciudadana de segunda. Las dimensiones de género que ponen en desventaja a la mujer se evidencian en el acceso a recursos, el uso de tiempo y espacio, las políticas y regulaciones, decisiones salariales, las prácticas culturales y percepciones, y los roles de poder y toma de decisión que practicamos colectivamente. Urge un autoexamen que nos ponga en blanco y negro la situación de la mujer en nuestras instituciones, empresas y organizaciones. Solamente viéndonos al espejo podemos asumir colectivamente un punto de partida para tomar acciones asertivas y mejorar la condición de la mujer a todo nivel. Estas acciones se deben monitorear, revisar y mejorar sistemáticamente. Lograr un cambio cultural de esta magnitud requiere de intencionalidad, compromiso, y convicción. El primer paso es estar de acuerdo, como sociedad, a dónde queremos llegar. Es importante la igualdad, es decir que todos seamos iguales ante normas y leyes, pero no es suficiente. Es importante la paridad, es decir incrementar la participación de la mujer en distintos ámbitos para que sea equivalente a la del hombre, pero no es suficiente. Para llegar a una verdadera equidad, es decir brindar oportunidades de manera justa a hombres y mujeres, debemos ser capaces de abordar y aceptar nuestras diferencias, valorarnos unos a otros, y reconocernos como seres humanos capaces de aportar desde nuestras distintas perspectivas. Y, entonces sí, se le daría sentido concreto y equitativo a las idealizaciones que culturalmente nos acompañan, pero que sistémicamente nunca alcanzan a ponerse en práctica.