Miércoles 24 DE Abril DE 2019
Opinión

Soñar para vivir y no vivir soñando

Transitar esta realidad deleznable.

— Helmer Velásquez

 

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible –ODS–. Esa especie de tabla periódica, de diecisiete objetivos y ciento sesenta y nueve metas, todas loables y sencillas en su formulación. Difíciles de alcanzar, para países como el nuestro; con gobiernos atrofiados y mediocres. Aquellos objetivos, para el mundo de OCDE –a propósito de los desvaríos presidenciales sobre nuestra “incorporación” al organismo– son materia superada. Mucho se puede hilvanar, sobre cómo llegaron a aquel estatus: la grada que significó el colonialismo, las matanzas deliberadas, el saqueo y otros argumentos incuestionables. Sin embargo, esa no es la materia de la nota. Ahora, veámonos el ombligo. Que buena parte del problema es vernáculo.

Institucionalidad pública flaca, descoordinada e ineficiente. Burocracia desmotivada y escasamente leída. Estado raquítico, presupuesto risible, carga tributaria de corsario, gasto social bajo –aún– en América Latina. Un Presidente. Para ver el hoy. Que basa su política en supersticiones, aleja la cooperación internacional y tiene un concepto de soberanía bizarro, zalamero con chafas y dictados imperiales. Quizá nunca habrá leído los ODS. Está contento, porque su gobierno logró “regalar” un bono de doscientos quetzales año a familias campesinas, para paliar el hambre. Fatuo este sujeto. Con aquel paisaje ¿Usted, honestamente, cree que erradicaremos la pobreza en el 2030? Llevamos tres años perdidos, los ha dedicado el “gobierno” de la República, a armonizar ODS, con plan de gobierno y Katún 32. Puro trabajo de carpintería tecnocrática y “consultas” al pueblo. De incremento sustancial al presupuesto público ni hablar. De reforma fiscal menos. Es decir, lo que hemos hecho hasta ahora, es un chiste cruel. Se trata de sorprender a los –pocos– organismos internacionales, que todavía nos soportan. No hay acciones concretas. Serias. Para mejorar la situación. De seguir la tendencia en sucesivos gobiernos. La pobreza –como ahora– lejos de disminuir aumentará. Sobreviviremos,
mientras duren de remesas.

De nuevo. La historia se repite: La tarea recae sobre los sectores populares organizados: ojalá, en modo unitario. La juventud politizada y progresista. La intelectualidad, tan adormecida después de la debacle. Cooperativas autónomas, pastorales eclesiales. Es indefectible: sin Estado y sociedad fuerte no hay futuro posible. Sin partidos políticos ideológicos y con cuadros no habrá democracia cimentada. En síntesis: sin los cambios políticos de hoy. No habrá ODS mañana. Aquello requiere: movilización de calle, voto, opinión y rechazo a las viejas nomenclaturas partidarias. Las ágoras políticas corresponden a la ciudadanía organizada. Pronto volverán a ser el centro del debate político. Reencuentro entre Estado y sociedad. Lo inmediato voto y participación política.

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