Viernes 19 DE Julio DE 2019
Opinión

La causa de las migraciones

La tratamos o nos vamos al barranco.

Fecha de publicación: 07-03-19
Por: Edgar Gutiérrez

 

Las migraciones masivas son expresión de nuestro fracaso económico. Según la Oficina de Patrulla Fronteriza de los EE. UU., más del 90 por ciento de extranjeros sin papeles que cruzaron la frontera el pasado febrero eran guatemaltecos, es decir, más de 70 mil, lo que hace 2 mil 500 en promedio al día. Bajo las actuales condiciones las migraciones son de altísimo riesgo. De cada tres migrantes uno muere en el intento, otro es deportado y solo el tercero tiene éxito. El deportado lo volverá a intentar hasta cuatro y cinco veces. La aventura migratoria ya no es solo individual, cada vez participan núcleos familiares. Migrar es la alternativa en una sociedad donde el horizonte permanece cerrado y el aparato económico repele a ocho de cada diez jóvenes que buscan ocupación.

La principal causa de las migraciones no es la violencia ni siquiera la pobreza, es la desigualdad social. Y la causa principal de la desigualdad social es la brecha del poder adquisitivo que se ha dilatado paradójicamente durante el periodo democrático (los programas de ajuste estructural), estrechando las oportunidades de bienestar, realización, acceso a activos y participación en el mercado de la mayoría de la población.

La gente sabe que hay países en los cuales trabajando duro (como acá) se gana mejor; hay que pagar impuestos pero se accede a buenos servicios de salud, educación de calidad e infraestructura fiable; debe cumplirse estrictamente la ley pero cuando se sufre un daño o transgresión de derechos la justicia opera y repara. No es la gente que vive en la extrema pobreza y marginación, tampoco los más pudientes quienes migran sino una inmensa cantidad de personas pertenecientes a finas capas intermedias que tienen aspiraciones a calidad de vida y otras expectativas de realización, pues han adquirido educación y entrenamiento, están informadas y son emprendedoras.

Las oportunidades están cerradas acá porque el sistema económico es una pirámide perfecta, y poco poroso. Como el ascensor social es defectuoso algunos ascienden atropellando. La corrupción inutiliza al Estado en su función de redistribuir bienes y servicios. Los sobornos y el tráfico de influencias, la mala prestación de servicios básicos y la baja calidad de la infraestructura impiden un terreno menos empinado para la mayoría y además concentra las rentas. Es la corrupción, pero también la captura y cooptación del Estado que obstruyen la competencia de mercado y asfixian a los emprendedores, pues sin conexiones los dados quedan inevitablemente marcados a favor de los de siempre.

Esas exclusiones tienen sobre todo rostros indígenas y de mujeres que habitan en zonas rurales y barrios marginales. Se relacionan con arrastres atávicos como el racismo y el machismo. La dimensión económica indica que las grandes empresas que representan el tres por ciento del total concentran el 65 por ciento de las utilidades, mientras que las microempresas, que constituyen el 56 por ciento, apenas recogen el cuatro por ciento (Banguat, 2018). En lo que va de este siglo los hogares registran un leve incremento de los ingresos, pero cruzando datos con OIM resultan ser los que reciben remesas. En cambio, en la generación de excedentes disminuye el peso relativo de los salarios, aumentan las utilidades de las empresas y, como indiqué, el Estado ha entrado en caída libre de su función redistributiva y facilitadora de oportunidades.

Esa ecuación amplía la desigualdad social y empujará más migraciones. Mientras el tema siga fuera del debate y de la agenda pública, y sus resultados no se traduzcan en normas, políticas y procesos institucionales cualquier tratamiento será si mucho un paliativo. Mientras, este país va para el barranco.