Lunes 22 DE Julio DE 2019
Opinión

Urge recuperar la confianza

Fecha de publicación: 28-02-19
Por: Francisco Roberto Gutiérrez Martínez

Confianza es la esperanza firme que se tiene en que una persona o institución va a actuar como debe.

Es evidente la gran preocupación por el nivel de desconfianza, resentimiento y agresividad que se vive en sectores de la sociedad guatemalteca; ello se puede constatar no solo en las ciudades, sino también en aldeas y caseríos rurales. Cabe preguntarnos entonces: ¿qué ha sucedido para que nos volvamos desconfiados y –lo peor– agresivos? Sin duda hay varios motivos, que van desde la confrontación ideológica y los resabios trágicos del enfrentamiento armado; como también de las actitudes prepotentes e irrespetuosas de algunos líderes, especialmente los políticos. Incide además la falta de educación cívica que se hace palpable en jóvenes y niños que no han tenido la oportunidad de recibir una formación ciudadana eficaz. Y, por supuesto, afecta la falta de oportunidades de empleo o autoempleos.

Como sabemos, confianza es la esperanza firme que se tiene en que una persona o institución va a actuar como debe, y su importancia fundamental radica en el hecho de que el bienestar de la Nación se halla condicionado al nivel de confianza prevaleciente en la sociedad, lo que permite que se viva la solidaridad, la cooperación, la seguridad, la asociatividad, todo ello dependiente del grado en que los integrantes de la comunidad compartan normas y valores, así como de la facilidad con que están dispuestos a subordinar los intereses individuales a los más amplios del grupo. Es a partir de esos valores compartidos que nace la confianza.

Una de las formas de desarrollar un país es fortaleciendo su capital social, para el que la confianza es el pivote fundamental, confianza que, siendo una característica cultural, puede ser moldeada a partir de las instituciones con que el Estado cuenta, es decir, la familia, la educación y el trabajo, instituciones estas que son la fuente de vitalidad social. Y al gobierno, representante político del Estado, le corresponde actuar con la verdad, transparencia y respeto a la ley para sentar el ejemplo que la sociedad debe seguir.

Y para procurar construir capital social en nuestro país, un medio es lo que se conoce como Inteligencia Colectiva, la que el sociólogo George Pór definió como “la capacidad de las comunidades humanas de evolucionar hacia un orden de una complejidad y armonía mayor, tanto por medio de mecanismos de innovación, como de diferenciación e integración, competencia y colaboración”. Lo importante a destacar es que a partir de esta inteligencia colectiva se procura conocer, respetar e incorporar los saberes e historia de individuos y colectividades varias de la sociedad. Replicando la máxima de Pierre Levy, ideólogo de la inteligencia Colectiva: “nadie lo sabe todo, todo el mundo conoce y sabe algo, el conocimiento está en la humanidad”.

Es importante asumir en este momento histórico lo que esta modalidad aconseja, esto es, ser capaces de escuchar y atender las recomendaciones de personas o grupos que pueden contribuir a la solución de un problema concreto, o de varios. A la fecha hemos perdido esa valiosa oportunidad. Un caso concreto lo evidencia la poca atención puesta a la comprensión de las culturas indígenas; o a las recomendaciones de la inteligencia colectiva derivada de los habitantes de provincia, a quienes se les descalifica o, al menos, se les ignora.

Debemos entonces luchar por fortalecer el capital social mediante el entendimiento de la inteligencia colectiva que nos permite escuchar voces que no han sido escuchadas. Para ello la tecnología de comunicación es un medio que facilita ese esfuerzo de entendimientos.