Viernes 20 DE Septiembre DE 2019
Opinión

La Paradoja del Voto

En esta oportunidad, no seamos votantes racionales o irracionales, sino conscientes.

Fecha de publicación: 23-02-19
Por: Juan Carlos Méndez

 

¿Ya decidió por quién votar? O es usted de los que piensa que la política es una porquería y que al final no merece la pena votar o que en todo caso, decidirá el mismísimo día de las elecciones.

El proceso eleccionario arrancó y es crítico en esta oportunidad no solo conocer la oferta electoral, sino entender el comportamiento, consciente o inconscientemente, que asumimos como individuos, ciudadanos y votantes y cómo podemos utilizarlo a nuestro favor.

La Teoría de la Elección Pública, estudia desde la perspectiva económica la forma como se toman las decisiones colectivas, en cuestiones relativas a la elección de los gobernantes, la aprobación de políticas públicas, el comportamiento de los funcionarios públicos y grupos de interés, dentro del marco de las democracias representativas.

Esta teoría arroja algunas conclusiones interesantes: al ceder al Estado parte de nuestra libertad individual, con el propósito de resolver problemas comunes que no puede resolver el mercado por sí mismo, tenemos que asegurarnos que el poder cedido a dicho Estado tenga límites; los funcionarios públicos son seres humanos como cualquiera de nosotros, no son seres celestiales que llegan al gobierno para velar por el bien común, actúan por interés propio; los partidos políticos son organizaciones lucrativas que buscan el ejercicio del poder y perpetuarse en él; los costos de las decisiones políticas se dispersan entre un gran grupo de la población y por lo tanto su impacto es insignificante, mientras que los beneficios se concentran en un grupo muy pequeño, generalmente los políticos y sus aliados.

A lo anterior añadamos que el votante, supuestamente “racional”, a la hora de elegir a sus autoridades, lleva a cabo un análisis costo beneficio. Piensa que su voto contado entre millones, no hará diferencia y que el costo de informarse sobre los planes de gobierno, perfiles, preparación y calidad moral de los candidatos es mucho mayor que su capacidad de influir en el resultado de la elección. Por lo tanto, su decisión racional debiera ser no votar; esta es la Paradoja del Voto.

Sin embargo, en la práctica muchas personas votan, porque lo consideran un derecho u obligación ciudadana o están motivados a hacer algo por su país.

Contrario a la teoría del votante racional, pensadores como Bryan Caplan argumentan que el comportamiento de los votantes y las decisiones políticas son completamente irracionales; buscan y apoyan en la mayoría de casos los beneficios expresados, es decir aquellos que todo el mundo aplaude o gregariamente apoya, en lugar de buscar los beneficios prácticos, es decir aquellos que tienen una base racional y un beneficio demostrable. Por ejemplo, en Estados Unidos muchas personas se oponen a la inmigración y al comercio exterior, apoyando el nacionalismo, sin comprender si realmente dichas medidas les beneficia o perjudica.

Entonces, asumiendo que quiere votar, ¿por quién hacerlo?

Acá una recomendación. Si los partidos políticos son instituciones con intereses económicos como las empresas, ¿porque no seguir la misma mecánica que se utiliza para seleccionar a los altos ejecutivos? Básicamente se define un perfil del puesto, se evalúan los candidatos y se seleccionan los tres mejores, según su preparación académica, experiencia y competencias; se investiga su historial laboral, se piden referencias, se visita el lugar donde viven y se consulta a los vecinos. Aún más, ahora se acostumbran a hacen assessments, es decir, pruebas simuladas para verificar en la práctica el liderazgo, la visión estratégica, el trabajo en equipo, etcétera, de los candidatos seleccionados. Y así llegamos a la decisión final.

En esta oportunidad, no seamos votantes racionales o irracionales, sino conscientes.