Viernes 19 DE Julio DE 2019
Opinión

La Constitución moral y la Constitución legal

Este es el sentido en que los países necesitan una robusta “constitución moral”.

Fecha de publicación: 23-02-19
Por: Roberto Blum

El presidente López Obrador ha mencionado constantemente la necesidad de una “constitución moral” para el país. El concepto mismo parece un poco extraño; incluso quizás un poco ingenuo. ¿Será que se trata de un documento con unas cuantas reglas morales? ¿Una especie de decálogo específico para los mexicanos? ¿O bien se trataría tan solo de hacer explícitas las reglas universales de la moral humana? ¿Cuáles serían estas reglas?

Generalmente se acepta que el derecho y la moral tienen una estrecha relación. También se dice que el derecho es el “mínimo moral” exigible a cualquier persona. Incluso más: podría decirse, por ejemplo, que “el derecho penal es el mínimo del mínimo ético exigible”.

Sin duda la convivencia humana requiere la existencia de reglas de conducta. Toda nuestra vida está reglada. Desde la cuna hasta la tumba, vivimos en un universo hermético de reglas que señalan, permiten, exigen o prohíben determinadas conductas. Tenemos que obedecer reglas que se nos imponen por la fuerza física y otras que se nos imponen por la presión social de nuestros pares. Hay reglas que regulan exquisitamente nuestras acciones más personales, más íntimas, e incluso nuestros pensamientos y nuestros deseos, aunque nunca se manifiesten en el mundo externo. Algunas de estas reglas las hemos internalizado de tal manera que ya no las percibimos o bien las sentimos como parte de nuestra naturaleza.

En el mundo moderno nos hemos acostumbrado tanto a la existencia de “constituciones escritas” que hemos olvidado el verdadero sentido de lo que es una constitución. Por ejemplo: de los ciento noventa y cinco Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas, tan solo cinco no poseen un documento constitucional formal. Así se explica que la mayoría de las personas hayamos limitado nuestro concepto de lo que es la “constitución” a un documento legal, con una determinada forma, surgido a partir de un proceso político y social específico en su historia.

En el Diccionario de la lengua española, las primeras tres acepciones de la palabra “constitución” no se refieren a la ley fundamental de un Estado, que es la cuarta acepción, sino a los caracteres específicos de algo o a su complexión particular. ¿Será que, cuando el presidente de México habla de la “constitución moral” que el país necesita, lo hace en relación con estos tres primeros sentidos del término, y no de un nuevo “decálogo moral” formal? El documento constitucional mexicano promulgado en 1917, con sus ciento treinta y seis artículos y setecientas setenta y tantas enmiendas, es una buena “ley fundamental” del Estado mexicano, pero el país requiere una urgente reconstitución moral tras el grave colapso del sistema de reglas de todo tipo que México sufrió a partir de los años ochenta del siglo pasado.

Este es el sentido en que los países necesitan una robusta “constitución moral”. Cuando la misma está dañada o debilitada, el esfuerzo por reconstituirse moralmente es una tarea de primerísima importancia nacional. Parece entonces que la necesidad de una renovada “constitución moral” no es solo el producto de la ingenuidad del nuevo presidente mexicano.