Lunes 14 DE Octubre DE 2019
Opinión

El racismo que desató el trabajo de Yalitza Aparicio

Un merecido reconocimiento para Yalitza, quien con su trabajo reafirma, lo que desde las comunidades sabemos, que los determinantes biológicos o culturales son un mito.

Fecha de publicación: 23-02-19
Por: Irma A. Velásquez Nimatuj

 

Sin importar si mañana Yalitza Aparicio, una joven indígena actriz, originaria de Tlaxiaco, estado de Oaxaca, México, obtiene o no el Oscar como mejor actriz, por su trabajo en la película Roma, del director Alfonso Cuarón. Ella ya ha hecho historia al romper los estereotipos que sostienen que las mujeres indígenas no tienen la capacidad para narrar historias a través de la actuación desempeñando roles principales. Frente a este logro, el trabajo de Yalitza viene a sumarse a la lucha de las mujeres indígenas por romper estereotipos raciales que las retratan como incapaces de aportar en este campo y en cualquier otro, porque biológicamente no fueron dotadas con la inteligencia para crear, porque no llenan “los requisitos” que exigen los patrones de belleza occidental, porque no poseen habilidades protagónicas y sobre todo, porque son incapaces de trascender los espacios familiares y comunitarios, que también son etiquetados como “espacios de indios incivilizados”. Así, era impensable que de uno de esos espacios “congelados en el tiempo y que se mantienen en el atraso” surgiera una actriz con tremenda capacidad interpretativa.

Precisamente, la nominación de Yalitza al Oscar –así como su arrasamiento con otros premios– ha provocado que en México y en otros espacios de la actuación o de las “artes” salga a relucir el racismo que, en boca de “sujetos con poder –mujeres y hombres–” terminen cuestionando o se opongan al reconocimiento de su trabajo.

Estamos frente al shock que provoca el rompimiento de estereotipos raciales en sectores que han invisibilizado, ridiculizado o arrinconado a las mujeres indígenas en roles complementarios pero nunca protagónicos. Por eso, cuando se enfrentan a la capacidad de mujeres como Yalitza, sencillamente no pueden creer que, lo que están viendo sea cierto, porque sus imaginarios heredados y fortalecidos por las múltiples instituciones, les han enseñado lo contrario.

Un merecido reconocimiento para Yalitza, quien con su trabajo reafirma, lo que desde las comunidades sabemos, que los determinantes biológicos o culturales son un mito, lo que sí existe es una falta permanente de oportunidades en condiciones de igualdad, pero cuando se accede a espacios, aunque cueste, mujeres y hombres indígenas no solo aportan sino, además, brillan con luz propia.