Viernes 22 DE Marzo DE 2019
Opinión

Ángel Sánchez Viesca rememora a 48 años el asesinato de Adolfo Mijangos López (V Parte)

El compañero habló de la importancia de los principios en el movimiento y recalcó la necesidad de tener claros los objetivos que impulsaban la acción transformadora.

— Eduardo Antonio Velásquez Carrera
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Continúa Ángel con su relato, de carácter histórico; “Manuel Colom Argueta todavía tuvo tiempo de denunciar el plan gubernamental que tenía como objetivo darle muerte. Igual que como pasó con Fito, los familiares de Manuel fueron acosados y perseguidos. La familia le había rogado que saliera del país. Meme estaba trabajando en el proyecto que reclamaba su presencia. Probablemente se confió cuando el Presidente prometió protección y la posibilidad de participación política del Frente Unido de la Revolución (FUR).

El Sordo Barnoya, al lamentarse del asesinato de Fito, dijo: “Tu amor por esta tierra y el ferviente deseo por ayudar a la resolución de sus problemas, te llevó a la política, cuando en realidad no eras político”. El Sordo expresó que las palabras de Bertrand Russell, matemático y premio Nobel de literatura, relativas a su padre le hubieran venido bien a Fito: “En ningún caso podría haber triunfado en política, a causa de su excepcional integridad intelectual, siempre estaba dispuesto a reconocer los puntos flacos de su parte y los puntos fuertes de sus adversarios”.

En el imaginario social y familiar, recordamos a Fito sentado en su silla de ruedas, pero ahora encuentro fotografías guardadas por mi madre que lo muestran de pie antes de partir a Italia y en el periodo cuando regresó al país antes de nuevamente marchar a Francia. Por ello, de pronto surge de él otra perspectiva: de pie, el más alto de todos, con un traje gris frente al sagrario de la Iglesia Catedral al bautizar a la sobrina. Tengo a la mano la fotografía en que se graduaba de abogado junto a sus padrinos en 1952: el tío Lacho y el doctor Rafael Montiel, elegante, y entre otras, la fotografía, que sentado, lo muestra lanzando una larga mirada enfrente al Cristo Redentor del Corcovado.

Su madre, en un principio, no conocía la magnitud y consecuencias del accidente. El rector Martínez Durán confirmó el suceso: Fito cayó de un edificio y ha quedado paralítico. Rolando Collado Ardón dijo que: “… cayó de espaldas por una ventana, de espaldas sobre el filo de un techo de dos aguas como se acostumbra en los climas fríos donde la nieve acumulada puede derrumbarlos…”. Desde su regreso, compartimos con una persona siempre alegre. Fue el centro de todos los amigos. Tuvo siempre un cortejo de admiradoras. Nos asombramos de su notable inteligencia. Su asesinato evidenció la utilización de mercenarios. ¡En casi todos los casos, los testigos hablan de hombres con sombreros de petate! Lo que nunca se imaginaron sus asesinos es que después de su muerte surgirían mil cabezas: La historia dio cuenta del incremento de la participación de los jóvenes en el movimiento social y en las organizaciones guerrilleras. Similar a lo que ocurrió después de las Jornadas de marzo y abril de 1962. Todos coincidieron que, con los asesinatos de los políticos social demócratas, en el país se cerró definitivamente toda posibilidad de participación política democrática y pacífica. El compañero organizador del movimiento revolucionario entraba sigilosamente en la casa. Hablaba con voz muy baja. El compañero habló de la importancia de los principios en el movimiento y recalcó la necesidad de tener claros los objetivos que impulsaban la acción transformadora. Recalcó la necesidad de contar con un planteamiento que favoreciera la participación de los indígenas en la guerra. Impulsó el estudio de la realidad”.

Continuará.

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