Jueves 20 DE Junio DE 2019
Opinión

¿Hacia un autoritarismo tropical?

En lugar de protegerlos, se les ignora y no los atiende.
Tejeda

Fecha de publicación: 22-02-19
Por: Silvia Tjeda

 

Es tiempo de reflexionar. Es tiempo para que el guatemalteco se dé cuenta que al votar por el señor Jimmy Morales, no eligió a un Presidente que trabajaría por el desarrollo y el bienestar de la mayoría. Eso está más realizado en toda la trayectoria de sus decisiones. Lo que realmente hizo el neófito personaje fue prestarse para ser el actor principal de este sainete del descaro y del engaño, en que vivimos los últimos cuatro años. No se inclinó por la equidad y la justicia, sino que ha preferido utilizar su margen de poder para encubrir y suprimir cualquier manifestación de rescatar al país por el camino del combate a la corrupción y el saqueo. Somos el público de una burda comedia y víctimas de una trama para la que el señor Morales accedió a hacer el papel falaz que, tras bambalinas, aceptó convertirse en el señuelo que los poderes fácticos –de todos los estratos– implantaron para cobrar su tradicional beneficio, y que sus enraizados grupos continuaran con la estrategia de recuperar el autoritarismo y el crecimiento de la corrupción ahora desbordada y poderosa.

Mientras el mandatario la custodia con su encadenamiento de medidas y estrategias con que paga al oscurantismo y la intimidación la dispensa de haberle dado sus cuatro años de un poder de parapeto y una larga vida de confort en la ignominia. El autoritarismo se ha desbordado, porque no ha dejado de recuperarse desde que el señor Morales subió al gobierno: Su Juntita que lo encarrila cercanamente; la militarización de Conred; la extrema militarización de la Policía Nacional Civil; simplemente contemplamos cómo habiendo tanta hambre y abandono le acrecienta el presupuesto al Ejército de una forma desmedida y no obstante, lo pone a desempeñar obras de infraestructura, por las que otros empleados ganan en el ministerio de Comunicaciones. ¿Cuál es realmente el objetivo de inundar de fondos a un Ejército, en tiempos de paz? No es fantasioso intuir que en Guatemala existen manos poderosas que utilizan el espacio de algunos funcionarios que emulan y suspiran por el fascismo nefasto y obsoleto, y que en esos pasos que se están dando para controlar los tres poderes del Estado y perseguir e intimidar a quienes no se les entregan ni someten, se está llegando a cometer abusos que se identifican con lo que fueron los métodos que autócratas utilizaron para sembrar miedo y después terror contra quienes consideraron eran sus opositores. Los tentáculos del monstruo del autoritarismo han llegado al ambiente medular donde se ejerce la Justicia. Un personaje experto en sistemas de seguridad, estrategias de intimidación y espionaje que no atiende los requerimientos precisos de algunos jueces del sistema, cuya larga trayectoria ha sido de imparcialidad y apego a las leyes. En lugar de protegerlos, se les ignora y no los atiende. Un presidente de la Corte Suprema de Justicia que pretende ignorar y no toma las medidas para enmendar el nombramiento de ese personaje que actúa al margen de las normas establecidas para resguardar la seguridad de los jueces y magistrados.¿Hasta dónde persiguen llevar la concentración del poder? ¿Serán las próximas elecciones parte de ese plan para seguirlo adelante? Son características del autoritarismo un régimen donde: La libertad individual no es un valor. Todos y todas las instituciones, –aquí los organismos– se deben subordinar al Estado y ponerse a su servicio. La democracia y el voto se consideran métodos inútiles para sacar adelante a un país. El autoritarismo cuenta con medios de comunicación masiva que se encargan de difundir sus supuestos logros que cierran el camino a opiniones diferentes; y si a estas condiciones le agregamos, un sindicalismo vertical al servicio de los poderes del Estado y un toque exacerbado de racismo, ya podrán los lectores formarse una idea de hacia dónde los poderes, que no dan cara, pretenden llevarnos de lleno.