Viernes 22 DE Marzo DE 2019
Opinión

Tres quinquenios sin cambios (Parte I)

Para no perder privilegios.

— Mario Mérida
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Hace quince años asistí junto a otros expositores nacionales y extranjeros al foro “La democracia, seguridad y derechos humanos verdad y justicia bases para la reconcialiacion nacional y consolidación de la democracia”. A continuación, comparto unos párrafos de la ponencia presentada.

Después de narrar brevemente nuestro pasado, expresé: “La mirada retrospectiva hacia el pasado nos sirve para inferir, que cada día que transcurre pareciera ser que se replican esos primeros 18 años de nuestra historia contemporánea (1986-2004). Debido en gran parte al control que antiguos miembros de la insurgencia tienen de la mayoría de grupos de derecho humanos y la cobertura que reciben de los medios de comunicación. O sea que la lucha armada fue sustituida por la agresión ideológica sustentada en las mismas causas reales o aparentes del enfrentamiento armado”.

Luego manifesté: “El escenario actual (2004) presenta características que así los advierten; por supuesto, que más de alguno no estará de acuerdo con ellas, pero no estarlo, es positivo porque permitirá identificar aquellas, que no han sido reveladas y promover su discusión seria”.

Las características más relevantes de esa actualidad eran: “Resurgimiento de pugnas ideológicas extremas entre miembros de las antiguas partes en conflicto; La intensa búsqueda de la condena mediática por parte del grupo ligado a la izquierda versus la libre aplicación de la justicia; El cuestionamiento de la calidad moral de quienes aducen haber sido víctimas, que justificaron su actuar ilegal en las precarias condiciones socioeconómicas y políticas del pasado; El rechazo por antiguos militantes de los grupos armados del principio de inocencia normado en la Constitución; La resistencia a aceptar la idea, que la verdad, no es la que cada uno de nosotros desea; El interés por la institucionalización de la responsabilidad colectiva, objetando una visión similar de su contraparte; La desconfianza de las partes antiguamente en conflicto hacia el sistema de justicia, no solo por su mediocridad y corrupción sino también por su alto nivel de politización y La constante denuncia mediática, como instrumento para ejercer presión hacia los juzgadores”.

Lo descrito anteriormente sustenta la importancia de “examinar la verdad y la justicia”, como el binomio perfecto para la conciliación e impartición de justicia. Es momento de renunciar a los beneficios que deja la posverdad.

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