Jueves 20 DE Junio DE 2019
Opinión

Los tentones

Ya son plaga las quejas.

Fecha de publicación: 21-02-19
Por: Méndez Vides

 

La práctica de los tentones no es nueva, cuentan las leyendas urbanas que en una oportunidad llegó Ubico a una ciudad del interior, y entre las audiencias recibió a unas cuantas señoras muy ofendidas por un tentón que las perseguía a la salida de misa o del mercado para tocarlas. El mandatario escuchó el reclamo, y de inmediato ordenó al jefe de la Policía que antes de 24 horas tenía que detener al culpable y cortarle las manos. Las mismas mujeres protegieron al loquito indigente del pueblo, porque no hubieran podido soportar la culpa. Aunque otros dicen que la orden sí se cumplió, y que de allí en adelante el tentón se convirtió en pobre de solemnidad a las puertas de la Catedral, dependiente de las monedas que las mujeres afectadas ya no pudieron negarle. Imaginación o realidad, en nada se parece al serio problema actual de los tentones modernos.

Ya son plaga las quejas de mujeres trabajadoras a quienes hombres desconocidos acosan y tocan en el transporte, en la calle, en los mercados. Una señora, que vive con su hijo y madre, cuenta que ya se acostumbró a andar sola, para evitar la vergüenza ante los suyos del espectáculo de ser mancillada por los tentones. En el bus, cuando va sentada, sabe que no tardará un desconocido en pegársele aprovechando el bamboleo. Al principio contestaba con codazos, pero luego de varios enfrentamientos descubrió que el mejor remedio era guardar silencio, haciendo como si no notaba nada, por miedo. Otra señora joven comparte que fue empujada en la cuadra de su casa, en un barrio donde una mara controla la mitad y otra mara rival el complemento, al vano de una puerta, donde fue toqueteada sin que pudiera oponer resistencia, cuando apenas empezaba a oscurecer. Ella se controlaba el llanto mirando hacia los alambres del cable y electricidad, y se salvó de ser violada porque de suerte pasó enfrente un muchacho que la conocía, quien informó al malhechor que ella era de la colonia. A los del mismo barrio se les respeta. Afuera, aplica la ley incivilizada de la selva urbana.

Pero la práctica no es exclusiva de machos patéticos, porque jovencitas escolares están agarrando como excusa el desquite, y ponen en serio aprieto a los muchachos al toquetearlos para cobrarse la ofensa. La vergüenza los aterroriza, y ellas saben bien a quiénes elegir para el ritual.

Vivimos entre tentones, ciudadanos con el poder de votar. Nos hemos puesto a pensar ¿por quién van a votar los delincuentes en las próximas elecciones? ¿Y los narcos, los consumidores de estupefacientes, los borrachos y extorsionistas? El que no participe votando en las elecciones, deja en manos de la escoria la decisión final.

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