Jueves 20 DE Junio DE 2019
Opinión

¿Indignación o resignación?

La desnutrición crónica infantil (DCI) es un problema cuyas causas son múltiples y se entrelazan entre sí. Tiene que ver con higiene, hábitos alimenticios, acceso a agua potable, empleo, servicios de salud, etcétera. Por tanto, debe abordarse de manera integral. Parece imposible, pero no lo es. Al menos no lo fue para Perú.

Fecha de publicación: 21-02-19
Por: Salvador Paiz

Perú logró afrontar la DCI desde su raíz: la educación. Entre 2008 y 2016, Perú redujo la tasa de DCI en 15 puntos porcentuales, de 28 por ciento a 13 por ciento. ¿Cómo? Alinearon a todos los actores clave y se enfocaron en empoderar a su población con información de valor (hábitos de higiene, educación, estimulación temprana, etcétera). El futuro de las familias fue transformado por completo y toda una generación de peruanos fue salvada de la DCI.

En Guatemala pasa lo contrario. Somos el país latinoamericano con la mayor tasa de DCI, en donde uno de cada dos niños son afectados por ella. Todos ellos han sufrido un daño de por vida e irreversible en su cerebro, su desarrollo emocional y su desarrollo físico. Lo peor del caso es que su futuro es cuesta arriba, ya que cargan con un rezago intelectual que les dificulta salir adelante. Este trágico escenario debería indignarnos, pero pareciera que estamos resignados a que esta siga siendo nuestra realidad.

Son incontables las acciones llevadas a cabo, desde múltiples sectores, para acabar con este flagelo. Aun así, hemos sido incapaces de lograrlo. Durante meses estuvo pendiente la aprobación de un préstamo de US$100 millones, para la implementación del proyecto “Crecer Sano”. El objetivo de este esfuerzo era mejorar las prácticas y servicios que atienden a niños con DCI en siete departamentos con el mayor índice de pobreza en nuestro país. No obstante, todo ese tiempo los diputados han estado aplazando su decisión. Ayer alrededor de las 4 p. m., los legisladores rompieron quorum (a pesar de que algunos permanecían adentro del hemiciclo), por lo que hemos perdido esta gran oportunidad.

¿Cuántos diputados han tomado el micrófono para hablar del tema y dar su supuesto apoyo individual? Fracasan como colectivo al dejar de lado un tema como este. Es molesto ver cómo desfilan y prometen la aprobación de este urgente préstamo pero, a la hora de la hora, usan artimañas (como romper quorum) para ignorar esta prioridad. Si no han atendido este tema tan necesario, ¿cómo podemos creerles que tienen la capacidad de velar por los mejores intereses de nuestra nación? A estas alturas, la credibilidad de sus promesas es nula.

Les pregunto a nuestros honorables diputados, ¿quieren nuestro voto? No hagan promesas que no van a cumplir. Aprueben esta y otras leyes de desarrollo urgentes, como la Ley General de Infraestructura Vial (5431) y la Ley de Vivienda (5484), ANTES de las elecciones como una muestra de buena fe. Si están buscando su reelección, demuestren que quieren ganarse nuestra confianza y busquen el apoyo de los demás integrantes de su bancada, para así maximizar sus probabilidades de elección. Si este será su último período como legisladores, salgan con la frente en alto y satisfechos que aportaron al desarrollo de la nación. Los ciudadanos ya no nos vamos a tragar el cuento de sus “tiempos políticos”. Guatemala está en una situación que exige cambios acertados con sentido de urgencia.

A mis lectores, los animo a que estén atentos de quiénes votan a favor de estas leyes condicionantes del desarrollo. Solo así sabrán quiénes están comprometidos con una mejor Guatemala. Por mi parte, haré este ejercicio y les brindaré la información para que tomen sus propias decisiones. Este 2019 es crucial para definir nuestro futuro. Informémonos, no podemos votar a ciegas. Investiguemos quiénes son los que realmente apoyan las propuestas de transformación nacional que tanto necesitamos. Basta ya de resignarnos a nuestra cruda y dolorosa realidad. Indignémonos y hagamos algo al respecto.

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