Jueves 20 DE Junio DE 2019
Opinión

La maldición de la Malinche entre nosotros

Debemos fundar un Estado que contribuya a superar el régimen en el que se asienta la debilidad identitaria que enaltece lo extranjero y condena lo local.

Fecha de publicación: 18-02-19
Por: Marcela Gereda

 

Hay en la mayoría de liderazgos locales comportamientos que solo pueden ser explicados desde el lente histórico del colonialismo, el sometimiento y la lógica de “lo que diga el patrón”. Hay casi siempre en las formas de ejercer el liderazgo local relaciones atravesadas por el caciquismo, conservadurismo, barroquismo, falso moralismo, falsos protocolos, machismo. Y un largo “ismo”. Me sorprende observar en liderazgos de todas las clases sociales del país, la maldición de la Malinche, es decir un complejo social que rechaza lo propio y más bien, favorece lo extranjero. Esa maldición es creer que todo lo que venga de “europeos” “gringos”, “blancos”, “barbados” es mejor, superior.

Esta actitud solo puede ser explicada desde una mirada histórica en la que como sociedad somos producto de un sistema colonial y una mentalidad histórica que reproduce lo que condena.

En la dinámica cultural he observado y sido testigo directa de cómo cuando algunas autoridades y líderes escuchan acentos que vienen de afuera del país, creen que son ellos quienes tienen respuestas al caos y las desgracias que atraviesa el país. He visto cómo se le aplaude al acento extranjero y se cree que ellos tienen una “verdad absoluta”. Y he visto cómo se le cierra la oportunidad a algunos liderazgos campesinos e indígenas.

He visto cómo liderazgos locales genuinos y que verdaderamente buscan el bien de las comunidades por falta de valoración propia y baja autoestima no se creen capaces de llevar a cabo sus ideas, sino necesitan que un extranjero les venga a decir cómo hacer las cosas.

Para entender esa maldición de la Malinche que a todos nos atraviesa es necesario entender cómo el Estado-nación criollo (ese que jamás tomó en cuenta a la población indígena y local) no desarrolló un sistema educativo que incluyera a toda la ciudadanía en el conocimiento de su trayectoria vital, y tampoco escribió una historia que nos contuviera a todos en sus relatos, sino que glorificó al criollo y condenó a los pueblos originarios.

Observando sistemáticamente esta maldición de la Malinche, pienso en aquel escrito de Amparo Ochoa y Eduardo Galeano que dice: Se nos quedó el maleficio de brindar al extranjero nuestra fe nuestra cultura nuestro pan nuestro dinero / Hoy les seguimos cambiando oro por cuentas de vidrios y damos nuestra riquezas por sus espejos con brillos / Hoy en pleno siglo 20 nos siguen llegando barbados y les abrimos la casa y los llamamos amigos / Pero si llega cansado un indio de andar la sierra lo humillamos y lo vemos como extraño por su tierra / hipócrita que te muestras humilde ante el extranjero pero te vuelves soberbio con tus hermanos del pueblo / oh maldición de malinche enfermedad del presente cuándo dejarás mi tierra cuándo harás libre a mi gente.

Tenemos una identidad débil nacional. Por ello debemos fundar un Estado que contribuya a superar el régimen en el que se asienta la debilidad identitaria que enaltece lo extranjero y condena lo local. Debemos unirnos para construir un proyecto de nación incluyéndonos a todos en el empleo, el salario, las mismas oportunidades, y derechos de la ciudadanía.

Hay entre nosotros suficiente chispa, suficiente autenticidad, liderazgo y poder local como para construir un proyecto nuestro, uniendo a la clase media, al campesinado y todos los sectores que soñamos con un mejor país, en un proyecto de nación sobre la cual sea posible erigir una democracia plurinacional.