Viernes 18 DE Octubre DE 2019
Opinión

La Asfixia

La Asfixia también evidencia y documenta el límite de las instituciones responsables y del sistema.

Fecha de publicación: 18-02-19
Por: María Aguilar

 

El 13 de febrero pasado, en el marco de los 37 años de la desaparición forzada de Emil Bustamante, a manos de las fuerzas de seguridad del Estado de Guatemala, se presentó en el teatro Lux el documental titulado La Asfixia, dirigido por la hija menor de Emil, Ana Bustamante.

Al comienzo del documental Ana narra el porqué del título. Hubo un momento –dijo– en que su madre, mientras estaba embarazada de ella, se quedó sin aliento. Emil no estaba en el cumpleaños en donde debía estar, quizá por eso, Ana sueña constantemente que se ahoga. Sin embargo, es imposible ver este trabajo y no salir con una sensación similar a la descrita por Ana: sentir que falta el aire, que la rabia inunda, que la cabeza da vueltas, que lo mejor es salir de la sala para respirar porque se siente cómo el país, los silencios, las culpas, la impunidad y el latente y creciente poder militar asfixian.

Este es un documental duro, hecho por una mujer nacida en el momento álgido de la guerra, pero quien, por las circunstancias de la desaparición de su padre, no se embarca en el camino de preguntar, saber, indagar, hasta en la época reciente. La suya refleja la historia de miles de familias. El silencio que se guarda alrededor de un desaparecido, las historias alternas para justificar la ausencia, la resignación y el dolor de no saber, de no poder cerrar círculos, de no poder velar, de no tener un poco de justicia.

Ana presenta una historia en retazos. Así es la vida, así son las memorias. Vemos pedazos de muchos hombres: El Emil papá, el hermano, el militante, el organizador, el veterinario…

Pero La Asfixia también evidencia y documenta el límite de las instituciones responsables y del sistema. Aun cuando en años recientes la discusión sobre los avances de la justicia transicional en Guatemala se ha acrecentado, el porcentaje de casos que han sido llevados a juicio son porcentualmente mínimos si se comparan con la cantidad de crímenes que se cometieron durante la guerra. Ese es el caso de Emil, que como se demuestra en el documental, lleva años en manos de la Unidad de Casos Especiales del Conflicto Armado Interno del Ministerio Público sin que se logren avances. Faltan declaraciones de testigos que se rehúsan a proveer información, faltan recursos, falta que el Estado de Guatemala decida apoyar el proceso e investigar ¿qué pasó con Emil y dónde está?

Sin embargo, dentro de los límites están las luchas ejemplares, como la de Marylena, hermana de Emil, quien nunca ha dejado de buscarlo y quien honra y celebra su vida todos los días. A Marylena, a Ana, a las miles de familias de desaparecidos, el Estado guatemalteco les debe tanto. Aún falta hilar miles de historias. Aún falta justicia, pero como dijo Marylena ese día: “estamos aquí por la vida”.