Lunes 22 DE Julio DE 2019
Opinión

Subsidios: ¿al productor o al consumidor?

Sin duda no hay soluciones fáciles para resolver los grandes problemas que nos aquejan.

Fecha de publicación: 16-02-19
Por: Roberto Blum

En sus dos primeros meses de gobierno, el presidente de México ha abierto varios frentes de discusión. Uno, importante tanto en la teoría como en la práctica, es el de a quién se deben otorgar las ayudas que la sociedad está obligada por ley a proporcionar.

El gobierno de López Obrador decidió otorgar un subsidio directo de ochenta dólares cada dos meses a los padres de los niños que acuden a las estancias y guarderías subrogadas, en vez de proporcionar esos recursos a los establecimientos que prestan dicho servicio. Desde la izquierda y desde la derecha surgió inmediatamente la polémica. El presidente, gobernante de centro-izquierda, al decidir entregar el subsidio directamente a los padres de los niños usuarios de las estancias y guarderías infantiles, está yendo en la misma línea que proponía el economista Milton Friedman con los “bonos educativos”. Según él, los subsidios habría que entregarlos a los consumidores y no a los productores de los bienes que se subsidian.

El caso de las estancias y guarderías en México es paradigmático. La ley establece el derecho de todos los mexicanos a una educación de calidad desde la preescolar hasta la media superior, y la obligación correspondiente del Estado de proporcionarla gratuitamente. Existen varias instituciones del Estado que proporcionan esos servicios a los mexicanos. Sin embargo, en los últimos veinte años, el crecimiento de la población usuaria ha sido superior a la capacidad de las instituciones públicas para satisfacer la demanda, por lo que se decidió subrogar a establecimientos privados los servicios que las instituciones del gobierno no podían satisfacer. Así surgieron numerosas empresas privadas en el país, que satisfacen alrededor del diez por ciento de la demanda de guarderías y estancias infantiles, sirviendo a unos 350 mil niños menores de cinco años. El gobierno entrante se encontró con que un cierto porcentaje de esos establecimientos privados subrogados no contaban con las instalaciones requeridas para su funcionamiento, que cobraban subsidios por un número de infantes no existentes, y que en muchos casos se habían convertido en corruptos negocios de personas y familias favorecidas por el gobierno federal y los gobiernos locales. Por ejemplo: el incendio de la Guardería ABC, ocurrido el 5 de junio del 2009 en Hermosillo, Sonora, donde fallecieron 49 niños y 106 resultaron heridos, todos de entre cinco meses y cinco años de edad, es solo uno de los casos más trágicos de la corrupción del sistema de subrogación de las estancias y guarderías infantiles en México.

Así se explica que la decisión del presidente López Obrador de subsidiar a los padres y no a las guarderías pareciera la más adecuada para atacar la corrupción. Sin embargo, muchos y fuertes argumentos se han esgrimido en contra de la misma. ¿Estará el gobierno desentendiéndose de su obligación legal? Y más directamente: ¿cómo utilizarán los padres los recursos recibidos? ¿Quiénes cuidarán y educarán a los menores? ¿No será peor el remedio propuesto que la enfermedad? Sin duda no hay soluciones fáciles para resolver los grandes problemas que nos aquejan.