Viernes 20 DE Septiembre DE 2019
Opinión

La necesaria unidad de la izquierda

Si en esta coyuntura la izquierda no se unifica con responsabilidad e inteligencia, las consecuencias serán devastadoras.

Fecha de publicación: 16-02-19
Por: Jorge Mario Rodríguez

 

Uno de los rasgos más agudos de la época actual es el amenazante nubarrón que algunos quieren disfrazar de futuro. El ejercicio de imaginar a dónde nos puede llevar el torbellino del presente arroja escenarios difíciles de aceptar –al menos si las nuevas generaciones merecen alguna consideración moral. ¿A dónde puede llevar la profundización de la desigualdad socioeconómica y sus secuelas violentas? ¿Cómo superaremos las migraciones internas y externas debidas a la desertificación creada por los monocultivos? ¿Seremos capaces de garantizar la soberanía alimentaria de nuestro país? ¿A qué explosiones sociales puede conducir un pueblo sin agua?

Este desastre está sin duda ligado a las agendas, aparentemente renovadas, de las élites económicas irresponsables del CACIF, el cual es nacionalista siempre que no se trate de entrar en contubernio con los más voraces sectores del capitalismo global. Para contrarrestar estas propuestas, se necesitan planteamientos creativos y eficaces. Por esta razón, se debe comprender que abrir el futuro precisa de algo más que erradicar la corrupción. La lucha contra este flagelo es necesaria, pero no suficiente para alcanzar un orden democrático capaz de responder a los nuevos desafíos.

La identificación de las opciones viables definen la tarea de los sectores contemporáneos de izquierda. Lamentablemente, la izquierda nacional, plural por la misma naturaleza del pensamiento crítico, no parece identificar los retos del presente. En particular, insiste en mantener la fragmentación que la ha hecho irrelevante en las últimas décadas.

Las tareas que impone la contención del neoliberalismo zombi de la época son formidables, y por lo tanto, requieren de un elevado nivel de unidad e integración. Mientras nuestra izquierda aprende de las anteriores derrotas, debe estudiar otras experiencias, como las de la alianza de izquierda que ha llegado al gobierno en Portugal. En la coyuntura nacional, se debe lograr una integración equitativa con los movimientos indígenas, los cuales albergan visiones culturales que pueden abrir el futuro.

Solo dicha unidad puede articular ese esfuerzo formidable que requiere revertir la autodestructiva indiferencia política de la población, especialmente la de la ciudad capital. Dicha indolencia política, casi natural consecuencia del desencanto y el escepticismo, ha sido fortalecida por la cínica propaganda de la ultraderecha criolla.

Es tal la magnitud del esfuerzo que la izquierda debe mostrarle a la ciudadanía que realmente existe, que es insostenible la creencia de que no existe ni izquierda ni derecha. Pero para el efecto, las izquierdas deben unirse alrededor de agendas mínimas capaces de mostrarle a la ciudadanía que existe una alternativa creíble al (des)orden de la injusticia.

Con propuestas sólidas y pertinentes, la izquierda puede proveer los mapas políticos que necesita la sociedad guatemalteca. Para mostrar su diferencia de la derecha debe mostrar la especificidad de sus respuestas a preguntas relativas al papel del Estado, los alcances institucionales de la solidaridad y la necesidad de proteger los bienes comunes de la lógica del “libre mercado”.

Si en esta coyuntura la izquierda no se unifica con responsabilidad e inteligencia, las consecuencias serán devastadoras. Una sociedad sin ideas es sensible a los mensajes más elementales, especialmente los que movilizan la ira y el odio. Y estas son las pulsiones que más favorecen a la retrógrada derecha nacional, la cual nunca saldrá por sus propios medios de la historia nacional.