Viernes 22 DE Marzo DE 2019
Opinión

Enfoque ¿Reconciliación o confrontación?

De nuevo un grupo de diputados –en torno al oficialismo– intenta provocar división ideológica y polémica en la sociedad guatemalteca.

— Gonzalo Marroquín Godoy
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No cabe duda que cuesta que Guatemala avance, progrese o simplemente que la paz social pueda llegar. Siempre hay actitudes de la clase política tendientes a mantener el ambiente de caos y confrontación, favorable para intereses oscuros de quienes pretenden que prevalezca la famosa y nefasta vieja política, amparada por la impunidad.

El nuestro es un país complicado y con grandes contrastes. Tantos, que nos contamos entre los peor calificados en educación a nivel latinoamericano, pero tenemos un Premio Nobel de la Paz, Migue Ángel Asturias (1967); somos un país que ha vivido guerras, revoluciones, golpes de Estado, nos mantenemos agobiados por pandillas, extorsionistas y violencia, pero tenemos Premio Nobel de la Paz, con Rigoberta Menchú (1992). Somos uno de los países con mayor número de aviones privados y helicópteros per capita en la región, pero los índices de pobreza y pobreza extrema nos ubican entre los tres países más golpeados en este sentido. Así se pueden encontrar gran número de contrastes e incongruencias.

Otro ejemplo, más político y descriptivo –vergonzoso es buen calificativo– del momento que vivimos, es que nadie nos gana en el hemisferio en cuanto al nivel de desnutrición infantil crónica. ¡Ah! pero nuestros diputados se dan el lujo de no aprobar un crédito de US$100 millones que estaría destinado para mejorar las condiciones de vida en las zonas más afectadas por este mal que golpea no solo a cientos de miles de niños, sino al país en general.

Pero son precisamente esos diputados que desperdician el tiempo y se niegan a aprobar este préstamo y leyes verdaderamente importantes para el desarrollo, quienes en pleno proceso electoral –con intereses políticos y particulares–, se dan el lujo de sacarse de la manga un proyecto de ley llamada de Reconciliación, cuando en verdad es todo lo contrario.

No es ningún secreto que durante los últimos dos años el presidente Jimmy Morales y otros grupos interesados, se han dado a la tarea de provocar división dentro de la sociedad guatemalteca. El mejor argumento que encontraron, ha sido el ideológico, bajo el concepto de divide y vencerás.

Los que vivimos la época y efectos del llamado conflicto armado interno, sabemos que lo que se dio en Guatemala entre 1963 y 1996 fue una guerra descabellada en la que se cometieron todo tipo de barbaridades. Masacres, crímenes de lesa humanidad, persecuciones, desapariciones forzadas y asesinatos, estuvieron a la orden del día. Los cometieron tanto militares como guerrilleros, aunque hubo mucho más hechos atribuidos a los militares, producto de la fuerza misma que tenían. Esta nueva Ley de Reconciliación, está impulsada nada menos que por el diputado Fernando Linares –quien dicho sea de paso se opone férreamente a la aprobación del crédito que sería para luchar contra la corrupción, bajo el programa Crecer Sano del Banco Mundial– y el candidato presidencial del partido oficial, el también diputado y kaibil, Estuardo Galdámez –por cierto y menos mal, sin la menor posibilidad de ganar en las urnas–. Como se ve, hay coincidencias, pues ambos estuvieron también de acuerdo en 2017 en el fallido intento de reformar el Código Penal y favorecer a políticos, corruptos, extorsionistas, pandilleros, asesinos y delincuentes condenados por otros delitos. A todos ellos, como ahora pretenden con esta ley de amnistía, se les perdonaría todas o parte de sus penas. Estados Unidos, por medio del Congreso y el Departamento de Estado, así como la OEA, han advertido de lo nefasto que esta ley sería. Eso quiere decir, en el caso de EE. UU., que aún el mejor aliado de don Jimmy, se le podría estar volteando por el intento de pasar una ley de esta naturaleza, planteada ¡veintidós años después de terminada la guerra interna!

¿Será que si la administración Trump se opone a esta ley, es izquierdista?

Estos diputados –apoyados por la bancada oficial–, pretenden alborotar el cotarro en medio del proceso electoral. Quieren que se polarice la discusión y que la ya marcada división de la sociedad –que tanto daño nos hace como Nación– aumente la confusión existente. Lo que evidencia –además–, es que ni siquiera están viendo por el bien común como dice la Constitución que debieran hacer. Ellos no piensan siquiera en la discusión y aprobación de legislación urgente e importante, pero olvidada, como sería –para mencionar un ejemplo– la Ley de Aguas. Para ellos, ese tipo de leyes, como la aprobación de créditos importantes, no es relevante si no está en su agenda de intereses. Guatemala, los guatemaltecos, nos merecemos algo mejor que este tipo de actitudes de los políticos tradicionales. La buena noticia es que pronto se podrá votar para que no sigan.

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