Miércoles 11 DE Diciembre DE 2019
Opinión

Muchos partidos, ¿dispersión o engaño?

Lo que parece enredo, es un diseño premeditado para que se erija quien esté en mejores condiciones de continuar el juego.

Fecha de publicación: 15-02-19
Por: Renzo Lautaro Rosal

En las elecciones generales de 2015, participaron 21 partidos. Cuatro años después, el número aumentó a 28. Ese crecimiento no es señal, en absoluto, de avance de la democracia. Ni siquiera indica que el sistema de partidos políticos ha mejorado en lo sustantivo, o que exista mayor pluralidad de ideas.

Es evidente que el sistema ha hecho implosión; explotó desde adentro producto de las múltiples perversiones acumuladas a lo largo de la historia. Los llamados partidos no son más que seudoinstituciones que sirven de caparazón para una diversidad de intereses y propósitos, desde plataformas electorales, hasta lavadoras de dinero; pasando por falsas intermediarias de las demandas ciudadanas, nichos de clanes familiares, espacios que coaligan caudillismos locales, expresiones de intereses sectoriales. Salvo contadas excepciones, los partidos que participan en la contienda electoral del presente año son
representativos de esa gama de objetivos.

Frente a la recomposición del bloque pro-impunidad, la diversidad de partidos expresa la incapacidad de los intereses supuestamente articulados para empujar una sola expresión política de coyuntura. Tal parece que sigue privilegiándose la frase “juntos pero no revueltos”. Al final, aunque parece que están en una misma cruzada, sus objetivos rapaces imposibilitan ponerse de acuerdo en lo toral, lo estratégico y por ello, cada caballo corre en su carril. Los intereses sectoriales y los respaldos financieros siguen pesando mucho e imposibilitan ver más de la punta de la nariz. Cada financista o grupo quiere actuar con la suya, y podrán admitir que otros se suban en sus proyectos; pero se niegan a ser ellos quienes se suban a otras. Quizás sí lo intenten de cara a la segunda vuelta electoral para empujar a quien mejor exprese su gama de intereses.

Más no es igual a mejor, sino todo lo contrario. La fragmentación partidaria expresa lo que en realidad somos como sociedad: nichos o expresiones donde articular es una empresa titánica; pero donde el acomodo y la contemplación son más fáciles como incentivos para no ponernos de acuerdo, ni siquiera, en asuntos básicos. Menos si se trata de impulsar un proyecto político en un escenario caótico, como el actual.

La dispersión llevada al extremo, representa el reconocimiento explícito de la carencia de propuestas que distingan una de las otras “opciones”. Por ese factor, tenemos partidos que compiten por el mismo perfil de elector, que son partidos gemelos en cuanto a sus personajes públicos, son escasas líneas de propuestas, sus conformaciones internas. A final, disputarán el mismo caudal electoral.

Pero podemos pensar en otro escenario: saturar para engañar. A más partidos y candidatos, mayor confusión. Y en río revuelto, ganancia de los más oscuros. Veintiocho partidos no son opciones; son consolidados de intereses que presentan productos similares con distintas marcas; pero al final, la sustancia clave es la misma. Los diferenciadores son tan pequeños, que se requiere de una lupa para distinguirlos. Esta es la lógica del rugby a la chapina, donde a propósito se crea la melé. Lo que parece enredo, es un diseño premeditado para que se erija quien esté en mejores condiciones de continuar el juego.