Lunes 15 DE Julio DE 2019
Opinión

La magia de las frecuencias radiales

Imaginación provocada por ondas radioeléctricas.

Fecha de publicación: 15-02-19
Por: Álvaro Castellanos Howell

 

Sorteando comentar la pavorosa coyuntura, que encima de todo, va “in crescendo”, preferí abordar un tema mucho menos espinoso. De hecho, uno que sí es agradable: El Día Mundial de la Radio.

Fue apenas antier, oyendo el programa radial matutino que escucho siempre, cuando cobré conciencia de lo que realmente se celebra el 13 de febrero.

Escuchar sonidos y voces donde quiera que se tenga un radiorreceptor a la mano, es algo que uno considera como cotidiano y normal. Algo que se da, simplemente, por sentado. Es decir, no se valora necesariamente como un suceso o inclusive, como algo mágico o
misterioso.

Pero, ¿cómo así que lo que están hablando tres o cuatro personas adentro de una cabina en un lugar remoto, lo pueda escuchar donde yo quiera, y en el momento que quiera?

Lo que se dice “al aire” pues, es transparente, es abierto, y está disponible para quien lo quiera oír.

También, efímero. Pues, normalmente, lo dicho al aire queda en la memoria de quien lo escucha y por el tiempo que lo necesite.

Además, es implacable. Lo dicho al aire, dicho está. No se puede “editar”.

Pocas veces recordamos nombres como el de Guglielmo Marconi, que contribuyeron en lograr aquello que a mí aún me sigue pareciendo un prodigio: presionar un botón, y del silencio y la soledad, pasar a una vivencia sonora y ya no tan solitaria.

Porque lo que escuchamos, ante todo cuando son programas de opinión, sea en formato serio o en formato divertido, ponen a trabajar cerebros. Y también, a remover conciencias.

El medio más democrático de difusión de ideas es la radio. Además de ser gratuito el acceso a ella, es seguro que hay mucho más aparatos radiorreceptores que televisores en el país. Y cualquiera puede participar, media vez así lo permita quien conduce el programa.

No digamos ahora con los millones de teléfonos móviles, incluyendo los llamados “inteligentes”, que a su vez pueden ser radiorreceptores.

No es necesario saber leer y escribir para escuchar la radio.

Pero sí es necesario querer escuchar, y no solamente oír.

Después del libro, sin duda es la radio la que más permite poner a trabajar a la imaginación. Imaginarse inclusive a los locutores, conductores, y demás partícipes de nuestros programas radiales favoritos, que son todos unos personajes públicos y famosos, aunque uno a veces no tenga la más mínima idea si los tiene al lado, haciendo compras en el mercado, o tomándose una “chibola” en El Portalito. ¡Gracias a todos los que trabajan en la radio, y que día a día hacen que ocurra ese “magia” que resulta en voces y sonidos viajando por nuestro espacio!