Sábado 20 DE Abril DE 2019
Opinión

La inmovilidad ideológica

Justamente cuando más urgidos estamos de nuevas ideas.

— Carol Zardetto

 

No cabe la menor duda que América Latina no está pasando por uno de sus mejores momentos. Vientos huracanados parecen moverse de Norte a Sur, quebrando una tranquilidad que nunca ha sido más que aparente. Puedo imaginar la claustrofobia que implica vivir en el Brasil de Bolsonaro, o el miedo en la represiva Nicaragua. Aquel esperanzador tránsito a la fortaleza institucional que nos alentó, se lo comió la fuerza de las torres de dinero del narcotráfico, o el rapaz neoliberalismo. Nos convirtieron en corredor para sus negocios y para los migrantes que esta rapacidad expulsa. Ante la dureza del dinero, se han doblegado gobiernos, sistemas de justicia, economías y la aparente impecabilidad de empresarios, ahora más interesados en cubrir las huellas de su corrupción que en construir naciones.

Estos tiempos carecen de muchas cosas, pero sobre todo, carecen de respuestas. Las instituciones que pudieron habernos protegido, no están allí. Y, en medio del desencanto y del temor, la gente da patadas de ahogado. Acogerse a regímenes que giran alrededor de una manipulación religiosa, es una patada de ahogado. Pensar que solo Dios tiene las respuestas y que quien pronuncia su nombre (aun cuando sea en vano), es ungido y elegido. O, bien, intentar resucitar los discursos revolucionarios de corte marxista, tan puristas que cualquier pensamiento, o acción que no sea la de los manuales, se estigmatiza. Los tiempos no están para los tibios, a quienes escupirá Dios o aquel envejecido Marx, desde su trono intocable. La radicalización y la intolerancia están de moda. Salir de estas cajas ideológicas para pensar de forma crítica, es la única salida que nos queda a nosotros, la gente que está afuera de los intereses del poder.

Porque si hemos de tener un poco de honestidad, los sistemas no han traído las prometidas respuestas. Cuando llegan al poder, los dirigentes dejan de interesarse en la gente a quienes ofrecieron servir. Les interesan las mansiones, los anteojos de lujo, los carros blindados, las cuentas en Suiza, las escoltas que los ensalzan. La corrupción es el signo que ecualiza a izquierdas y a derechas, especialmente cuando eliminan a sus opositores, destruyen los controles, anulan los sistemas de justicia, las elecciones. Entonces reinan como seres etéreos, más allá del bien y del mal, escudados en una ideología intocable. Si un dedo acusador se eleva, su dueño termina en una oscura cárcel acusado de no pensar como se debe para mantenerse a salvo.

La ideología es un grupo de ideas. Todos tenemos ideologías diversas, porque como humanos no solamente nos interesa la política. Cuando las ideologías se vuelven prisiones, anulan la libertad de conciencia, la movilidad del pensamiento y, en suma, la dignidad humana. Yo, me rehúso a ser colocada, como insecto en un cuadro taxonómico. Declaro la independencia de mi pensamiento y mi resistencia a confiar en todo tipo de ejercicio del poder.

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