Lunes 22 DE Julio DE 2019
Opinión

La crisis de los partidos políticos

En Guatemala, aunque contradictorio, hay más binomios presidenciales que niños felices.

Fecha de publicación: 11-02-19
Por: María Aguilar

La época electoral está evidenciando la crisis de la democracia en la que Guatemala está sumida. Por un lado, está la presencia y participación de partidos y personas que, amparados en una falta de accionar del Tribunal Supremo Electoral y del Ministerio Público, siguen libres y con inmunidad cuando deberían ser investigados por múltiples delitos de corrupción relacionados a sus plataformas y millonarias campañas políticas. Es así que nuevamente, a pesar del supuesto rechazo a la vieja clase política y necesidad de renovación, las opciones electorales que se ofrecen están plagadas de políticos deshonestos, criminales de cuello blanco, crimen organizado y otros grupos que lo que menos quieren es el bien de Guatemala, sino acrecentar sus privilegios económicos, políticos y judiciales.

Por otro lado, se vive una proliferación de partidos, que en vez de fortalecer, debilitan el agónico proceso democrático, especialmente cuando varios son creados como grupos satélites para apoyar a partidos más grandes. En Guatemala, aunque contradictorio, hay más binomios presidenciales que niños felices. La lucha por instaurar la democracia desde 1985, en lugar de generar paz, esperanza y cambios estructurales que modificaran las condiciones que llevaron a un conflicto armado de cuatro décadas, lo que en verdad trajo fue un sistema de partidos que ha sido utilizado para beneficios personales o de corporaciones criminales como lo demostró la CICIG con el Partido Patriota, Lider, Todos, Une y muchos otros. Las docenas de partidos políticos que ahora pululan no representan los intereses de sus miembros o si lo hacen es solo el de sus cúpulas y dueños. En general, los partidos funcionan a través del clientelismo, aprovechándose de la pobreza extrema de la mayoría del país.

Esta multiplicación de plataformas políticas también afecta a la izquierda que, atraviesa una crisis de legitimidad por la corrupción de algunos miembros, la falta de renovación de cuadros y la reproducción del caudillismo. Después de emerger a mitad del Siglo XX como alternativa, hasta cierto punto únicas frente al poder de la oligarquía rancia y las inequidades extremas, se apostó a que la transición lograría al menos -y a pesar de los miles de asesinatos- la creación de un partido que desde las limitadas opciones que otorga la democracia liberal, aportaría al cambio nacional. Sin embargo, la izquierda en Guatemala, al igual que la derecha, está fragmentada y no ofrece alternativas con cuadros que presenten soluciones de manera unida a la crisis del Estado. Y como si fuera difícil separarse de los viejos hábitos, los partidos de izquierda operan a través de jerarquías rancias, machistas, racistas donde siguen acaparando poder las voces de viejos comandantes.