Sábado 16 DE Febrero DE 2019
Opinión

El peligro de las democracias aparentes

El modelo tradicional se está desplomando.

— Richard Aitkenhead Castillo
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Es momento de hacer una reflexión seria y profunda. De diferenciar las democracias aparentes y las democracias reales. El sistema que juega con las mayorías y el sistema que las respeta. Es fácil caer en la tentación de una democracia dirigida, sinónimo de una dictadura en construcción. Puede ser para bien o para mal. El caso de Singapur, lo demuestra del lado del bien. Puede ser para el mal, Venezuela es prueba fehaciente en la actualidad. La tentación persiste. Los países modernos aseguran, con sus leyes electorales, que la elección de Presidente, Primer Ministro o que la composición del Congreso o Parlamento sean congruentes con la voluntad popular. Se puede utilizar como mecanismo la votación por distrito, al estilo de Estados Unidos, o esquemas diferentes pero muy efectivos como el de Francia, por citar dos ejemplos.

En Guatemala se ha optado por algo que cubre apariencias pero que promueve ingobernabilidad. Tenemos un sistema que promueve a las minorías y que se basa en listados electorales para los diputados al Congreso. Un sistema creciente de diputados que, simulando amplitud de criterio, estuvo dispuesto a realizarle ciertas reformas a los políticos tradicionales bajo la concepción que les sigue garantizando minoría permanente a quien el pueblo elija Presidente. Un esquema que garantiza que el poder esté en manos del Congreso y del interés de los diputados, más allá de sus partidos políticos. Una estrategia efectiva para la corrupción y el chantaje, no para la democracia real y menos para la gobernabilidad. Es el juego de decir soy democrático pero marcando las cartas… Esto no es aceptable, no debiésemos tolerarlo.

Estamos frente a un proceso electoral. Un proceso que fue diseñado para limitar la capacidad de darse a conocer a los nuevos candidatos, a las personas que no tienen años de estar en la lucha por la Presidencia. Se hizo con la excusa de hacer más igualitaria la elección, de dar a todos acceso similar a los medios de comunicación, de recortar el tiempo de campaña. Lo que hoy se visualiza, como efecto de esa nueva legislación y de las disposiciones del Tribunal Supremo Electoral es una inclinación de fuerza a favor de los candidatos reincidentes. Un reglamento que inhibe al candidato(a) nuevo y promueve que exista poca posibilidad de lograr visibilidad. La reforma hecha para aparentar. Un ardid para evitar el verdadero debate. El juego parece ser el mostrar que hay muchos candidatos pero en realidad se trata de limitar la opción que el electorado pueda conocerles a profundidad. El juego de la vieja política, aparentar pero no ceder.

En El Salvador se demostró que la población rechaza los esquemas tradicionales. No importan las justificaciones. En Guatemala estamos muy cerca del derrumbe del sistema democrático de 1985. La interrogante es: ¿Estamos dispuestos a detener el deterioro, la mentira, la defensa a ultranza del statu quo e impulsar los cambios requeridos? El modelo tradicional se está desplomando. La población urbana claramente se inclina por el cambio. Yo estoy con ellos.

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