Lunes 22 DE Julio DE 2019
Opinión

Adalides

Los que prefieren el mañana que imaginan y no el que les tratan de imponer..

Fecha de publicación: 11-02-19
Por: Luis Fernando Cáceres

 

Hace años empecé a frecuentar, algunos domingos del año, un pequeño lugar sobre la carretera que va de Antigua Guatemala hacia Ciudad Vieja. El lugar es pequeño y modesto, pero siempre ha sido muy bien atendido. El servicio es invariablemente muy cordial y la comida, que no es nada especial, nunca da sorpresas negativas. Este tabuquito es básicamente un comedor que se vuelve acogedor por el hecho de que es chico, sus mesas están todas bajo una pérgola y está decorado con parafernalia del mundo de las motocicletas.

El negocio fue montado con mucho esmero por su dueño y él mismo lo atendía. Muchos domingos fue él mismo quien me dio, a mí y a mis amigos, la bienvenida al entrar al lugar. Muchas veces lo vi interactuar con clientes; siempre muy simpático y cordial, trataba de complacer a la vez que observaba lo que funcionaba mejor. Introducía cambios pequeños por acá y por allá. Me pareció que, como emprendedor que era, constantemente tenía algún proyecto entre manos.

Hace como año y medio empezó a ser extorsionado por maras del lugar. Él trató de resistir como pudo la presión de estas miserables cucarachas y ellas, siempre en grupo porque solo así operan los que son cobardes, fueron escalando sus viles artimañas. Como supongo imaginarán ustedes, Mauricio –que así se llama este héroe anónimo– no obtuvo ayuda alguna del gobierno local ni del central. De nada le valió pagar sus impuestos. Por mucho que siempre, absolutamente siempre, nos dio factura de nada sirvió cumplir sus obligaciones fiscales. Mauricio fue alcanzado por varias balas que fueron disparadas a la carrera. En pleno escape pues. Fue así porque los mareros, que quisieran sentir que por debajo de su actuar existe un código de comportamiento que solo entienden aquellos a los que la vida les ha dado una existencia dura, hay valor cuando lo único que existe es cobardía pura. Desde que demandan un acto de iniciación consistente en atacar, por la espalda y a hurtadillas, a una persona incauta y generalmente débil, lo que muestran es que realmente son un montón de asustadizos pusilánimes.

Mauricio nunca regresó a atender el negocio que en los meses siguientes a su ataque estuvo a punto de cerrar. La gallarda garra que sus hijos heredaron y la fidelidad de los clientes que aún lo recuerdan con cariño mantuvo abierta la fondita.

Ayer mientras era atendido con la usual civilidad del lugar me contó la mesera que algunas veces, aunque con alguna dificultad, Mauricio todavía visita el lugar. Ciertamente ya no para atenderlo pues las secuelas del atentado no ceden
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Es cierto lo que alguien me decía hace algunos años: el héroe más puro de la sociedad es el emprendedor. El emprendedor es el incansable optimista, el que no escucha a los detractores de sus ideas, el que prefiere el futuro como pudiese ser y no como le dicen que debe de ser. El emprendedor arriesga y empeña sus posesiones y sus sueños por la consecución de una mejor forma de vida. ¿Dónde estaría la humanidad sin estos raros especímenes que apasionadamente se niegan a capitular en la consecución del mañana que imaginan?