Miércoles 24 DE Abril DE 2019
Opinión

Cárceles

La cárcel no debe ser inhumana.

— Luis Figueroa

 

“Me sueltan mañana, / saldré a la calle, / respiraré libre, / me subiré a los árboles. / Cuando llegué mañana, / voy a sentirme bien, / pero sé de algún chivato, / que va a tener que correr”, así dice una canción de Ilegales que es la número uno en la lista de las Diez grandes canciones carcelarias, que publicó el ABC hace tres años, reportaje que comienza con la frase: El talego, la trena, chirona…la cárcel no es un tema para bromear.

Eso es lo puro cierto; pero no solo porque el Sistema Penitenciario es una de las cuatro columnas que sostienen el sistema de seguridad/justicia, juntamente con la Policía, los tribunales y la fiscalía. No es de broma porque las prisiones son lugares de tristeza, miedo, tensión y degradación humana que merecen muchísima más atención de la que les prestamos.

Esta semana, el CIEN llamó la atención sobre el tema al recomendar una readecuación de la infraestructura carcelaria, la expansión de un nuevo modelo de gestión para la atención y rehabilitación de los presos, el diseño e implementación de una carrera penitenciaria y el fortalecimiento de unidades de control interno en las cárceles.

En 2014, en el marco de un coloquio titulado The Constitutional Political Economy of Statelessness, leí un ensayo de David Skarbek que tiene por título Governance and Prison Gangs. Ese ensayo, que ya es libro, es una lectura que recomiendo a cualquiera que se involucre en la urgente tarea de reformar el Sistema Penitenciario.

El artículo explora los sistemas de autogobierno entre los presos; el poder que tienen los reos –aún estando presos– sobre criminales y pandillas que están libres; el rol de las instituciones (como sistemas de normas) entre los privados de libertad y otros temas que no conviene ignorar cuando se trata de entender el orden social en el bajo mundo.

Las penas de prisión son consecuencias jurídicas de actos delictivos; pero no por ello deben ser inhumanas. Además, toda reforma penitenciaria que pueda ser exitosa, no debe ignorar los descubrimientos de Skarbek sobre cómo se comportan los seres humanos en prisión.

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