Jueves 21 DE Noviembre DE 2019
Opinión

Las razones de la doctrina Estrada

El mundo actual es evidentemente un mundo cada vez más interrelacionado.

Fecha de publicación: 26-01-19
Por: Roberto Blum

México y los Estados Unidos han tenido una conflictiva relación en la historia. El gobierno estadounidense intervino en los asuntos políticos internos de México desde el mismo nacimiento del Estado mexicano. El “muro” que el presidente Trump prometió en su campaña electoral, y que México pagaría, es solo la última y más reciente instancia de esa conflictiva relación entre ambos países.

Sin embargo, no han sido solo los Estados Unidos quienes en múltiples ocasiones han intervenido en los asuntos políticos que únicamente a los propios ciudadanos mexicanos les competen. Por ejemplo, México no fue reconocido por España sino hasta 1836, quince años después de su independencia, después de que España intentara la reconquista del país en 1829. Francia y la Gran Bretaña también se inmiscuyeron frecuentemente en la vida política de la nación, incluso organizando costosas expediciones militares, para imponer sus intereses nacionales. México sufrió intervenciones políticas y militares en los siglos diecinueve y veinte, y aún hoy sufre la amenaza de posibles intervenciones de su poderoso vecino del Norte.

Esta es la razón fundamental de la posición política de los gobiernos mexicanos en sus relaciones internacionales, basada siempre en principios claramente definidos y en el derecho interno e internacional.

La doctrina Estrada es la idea central, en torno a la que tradicionalmente se ha organizado la política exterior de México desde 1930. Su nombre deriva de Genaro Estrada, Secretario de Relaciones Exteriores durante la presidencia de Pascual Ortiz Rubio. En esta doctrina se afirma que México no juzga –ni reconoce ni desconoce– a los gobiernos extranjeros o los cambios en el gobierno de otros Estados, ya que tal acción implicaría una violación a su soberanía. Tal política se basa en los principios de: 1) no intervención, 2) resolución pacífica de las controversias y 3) la autodeterminación de los pueblos. Es obvio que la doctrina Estrada es el resultado defensivo de una nación que ha vivido en carne propia múltiples y dolorosas intervenciones de Estados y agentes extranjeros.

El mundo actual es evidentemente un mundo cada vez más interrelacionado, en el que las fronteras de los Estados se han venido desdibujando y los movimientos interestatales son cada vez más amplios y frecuentes. La información y la tecnología se mueven sin respetar frontera alguna, los capitales casi en la misma forma, e incluso las personas físicas migran masivamente de unos Estados a otros. Así, ¿hasta qué punto es posible para el gobierno mexicano mantenerse fiel a una doctrina propia y principista, que parecería ser ya anacrónica? El dilema actual, no solo para los Estados y sus gobiernos, sino también para las personas individuales, parece reducirse a vivir y actuar pragmáticamente, respondiendo a las cambiantes circunstancias, o bien actuar siempre con base en claros principios morales y políticos, anclados en la ley y en el derecho. ¡Ojalá que la humanidad mantenga su carácter y no derive hacia el siempre tornadizo pragmatismo, actualmente tan de moda!