Domingo 17 DE Febrero DE 2019
Opinión

Lo que cuenta es el coraje para continuar…

El éxito no es final, el fracaso no es fatal: es el coraje para continuar lo que cuenta. —Winston Churchill

— Estuardo Porras Zadik
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Es inevitable no dejarse llevar por la indignación, mientras se escapa de nuestras manos la democracia. Es imposible no sentirse impotente ante el avance de un grupo que –alimentado por el miedo de unos, la ignorancia de otros y la indiferencia de muchos–, empuja al país hacia la destrucción del Estado de derecho. Arrasa con la frágil institucionalidad que construimos en poco más de 30 años. Con tal de evadir a la justicia, este grupo evita asumir las consecuencias de sus actos, y está dispuesto a poner en riesgo el futuro de los guatemaltecos que, a pesar de todo, construyen país ante la ausencia del Estado. Un Estado cooptado por las mafias de toda índole, sector e ideología, que ha sido incapaz de proveer lo necesario para estimular el desarrollo económico y social. Estos sicarios de la democracia han quedado expuestos, y serán juzgados por un pueblo que no se doblegará ante la tiranía. Este es el pueblo que sobrevive contra la adversidad y hace grande a Guatemala.

El pasado viernes, de nuevo, quedó en evidencia lo enraizada que está la corrupción en el Estado, al ejecutarse la orden de captura en contra de exfuncionarios del Ministerio de Salud del Partido Patriota, y dirigentes del principal sindicato de trabajadores del sector. Todos acusados del desvío de fondos hacia un abogado que asesoró la elaboración del pacto colectivo, y la adición ilegal del reglamento de viáticos a dicho acuerdo. Entretanto, los hospitales nacionales se encuentran desabastecidos, con infraestructura deplorable; los salubristas exigen un salario digno, y los pacientes son sentenciados a muerte mientras esperan tratamiento. La corrupción mata y la impunidad permite que continúe matando a los ciudadanos, pues enfermarse es un lujo que no pueden permitirse. ¡Cómo se atreven algunos políticos y funcionarios en el poder, a proclamar la soberanía de un país que es incapaz de atender las necesidades básicas de la población! Siendo soberanos, han sentenciado a millones al subdesarrollo, a la extrema pobreza, a la escasez de oportunidades; matando así la esperanza de una vida digna. Son estos corruptos que hablan de “soberanía” –la cual, según la Constitución, reside en el pueblo–, quienes permitieron el saqueo del Estado y luchan porque nada cambie. Buscan mantener la impunidad a perpetuidad, excusándose en la soberanía.

En medio de la zozobra, guatemaltecos extraordinarios demuestran que es el coraje de querer continuar lo que cuenta, y que en nuestras manos está cambiar el entorno y forjar el Estado que anhelamos. El mismo día de la noticia de las órdenes de captura, tuve la dicha de conocer el proyecto de Hemodiálisis de la Fundación Amor. En este, Annelisa Castillo, su fundadora, se propuso dar todo de sí para que en Guatemala la insuficiencia renal ya no sea sinónimo de muerte. Después de haber sido bendecida con un exitoso trasplante de riñón, ella junto a Ana Cristina Ramírez y un equipo de soñadores, dan vida a quienes en nuestro sistema de salud pública habrían muerto en vida. Su meta: dar “al más necesitado, lo mejor”. Es así como contra todo pronóstico, Guatemala cuenta hoy con uno de los centros de hemodiálisis más sofisticados de la región. Un oasis en medio del infierno, que es nuestro sistema de salud pública. Una dosis de esperanza cuando parece ser que la corrupción todo nos lo ha robado en total impunidad. Una muestra de lo que hacen los guatemaltecos que no se dan por vencidos y no pierden el coraje de continuar haciendo país.

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