Domingo 17 DE Febrero DE 2019
Opinión

El hombre de la rosa

La vida es maestra en todas las disciplinas.

— Amílcar Álvarez
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Francois Mitterrand presidente de Francia de 1981 a 1995, considerado uno de los políticos de mayor abolengo del siglo XX, murió el 8 de enero de 1996 hace 23 años. Un auténtico estadista que interpretó las aspiraciones y los sueños de su pueblo, logrando que la política como arte de lo posible alcanzara su mayor esplendor. Sin duda, fue un gobernante sabio que supo conducir a su país con maestría alcanzando un liderazgo mundial indiscutible, dejando un legado de ideas brillantes que no logra extinguir el poder tecnológico y la informática en este siglo, que arrasa con el pensamiento, dejando de lado la tradición del amor improvisado, durmiendo en la periferia de la melancolía guiado por algoritmos, programando a su antojo la intensidad y declive de la pasión sin compasión. En su juventud participó activamente en la resistencia, brotando de su temperamento decisiones oportunas con la fuerza de la razón, sin doblegarse a la hora de la verdad. Sus opositores no desperdiciaron la oportunidad de criticarlo con severidad, sin tardar el tiempo en quitar valor a esas críticas, que supo asimilar con la nobleza propia de un hombre visionario consagrado por su pueblo para ser admirado y respetado. Su autoridad la ejerció siempre como un ministerio sin degradar a sus adversarios, terminando su recorrido político que inició a los 30 años por encima de la capacidad que tienen algunos para reconocer los méritos ajenos.

Mitterrand abrió con delicadeza horizontes distintos a Francia y al mundo, dando lecciones magistrales que jamás perdieron el brillo de la sencillez, descifrando con paciencia una estructura política que le permitió demostrar con hechos lo que significa liderazgo y sacrificio personal. Como humanista, siempre exaltó que la riqueza del hombre radica en sus principios y en su dignidad, sabiduría que se encuentra contenida en su obra literaria que deberían publicar a un precio asequible para que la juventud de América Latina lea un excelente escritor, y valore la erudición de un político solidario con los pueblos rehenes de la miseria que siguen callados con el alma entristecida, como una amapola vestida de rojo perdida en el olvido. Por esas y otras razones, al caer el escrutinio inclemente de la pasión y surgir la calma, la sutileza de su perfil político y humano modelado en el fuego de la verdad es un ejemplo vigente, una semilla de armonía eterna que resiste las tempestades modernas provocadas por los políticos, que con artificios baratos confunden a los incautos. La muerte lo supo esperar con una flor en la mano, conociendo que su viaje de regreso a la tierra fue el de un roble cansado que dejó sus hojas regadas en el otoño, ordenando a la vida convertir el humo de sus cenizas en un bálsamo que ha servido de guía a varias generaciones. Insignia que llevan como una antorcha luminosa honrando la memoria de un gran estadista, reflejada en el canto de los niños y en los sueños de los hombres y mujeres de buena voluntad, que seguirán sus huellas hasta el infinito cristalino, donde el deseo del silencio se cumple sin trastornar el orden de la naturaleza.

Su estilo de gobierno fue distinto, consagrando su vida al servicio de su pueblo. Cuando llegó al poder en mayo de 1981 su gran amigo el Maestro Gabriel García Márquez escribió: “Por primera vez desde el mayo de gloria de 1968, el torrente incontenible de la juventud estaba en la calle, pero esta vez no se había desbordado para repudiar el poder, sino embriagado por el delirio de que una época feliz había comenzado. En medio de las músicas confundidas, de los bailes frenéticos, de los teatros de esquina y de los amores públicos de aquella noche enloquecida en la que todo París era una sola rumba, yo pensaba que semejante paroxismo de la esperanza era tan emocionante como peligroso… Al ocurrir su muerte en 1996, el pueblo lloró embriagado de tristeza”. Desde esta tierra verde que se está muriendo poco a poco, esperando ser rescatada por un líder genuino de los badulaques que han detentado el poder arbitrario por décadas, y no seguir caminando a tientas adivinando dónde encontrar justicia y paz, simbólicamente depositamos una rosa roja sobre su tumba, con respeto y admiración. Joya. La vida es maestra en todas las disciplinas.

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