Miércoles 21 DE Agosto DE 2019
Opinión

Una contienda electoral con grandes nebulosas

Es fundamental resguardar la institucionalidad democrática y no alterar el orden jurídico.

Fecha de publicación: 21-01-19
Por: Richard Aitkenhead Castillo

 

Esta semana fue la convocatoria, por parte del TSE, del proceso electoral para elección de Presidente y Vicepresidente, Congreso, y Corporaciones Municipales del período 2020-2024. Esto sucede en medio de la incertidumbre generada por la no observancia de las resoluciones de la Corte de Constitucionalidad, la decisión unilateral del Gobierno de precipitar la salida de CICIG, un conjunto de amparos presentados, varios procesos encaminados a la eliminación de antejuicios a personajes de primera línea en el ámbito político y jurídico, así como constantes campañas de desprestigio y ataque vías las redes sociales.

El propio proceso electoral será inusual, después de reformas que buscan equilibrar la capacidad de realizar campaña publicitaria por parte de las diferentes agrupaciones políticas y de verificar con mayor detalle la procedencia de los fondos y el manejo de recursos en los partidos políticos. Un objetivo positivo pero su implementación parece complicada como lo demuestra el tema de la no inscripción de importantes medios de comunicación abierta para la distribución de la pauta publicitaria vía el TSE y la implícita prohibición a publicidad pagada en redes sociales. Son más de dos decenas de partidos políticos y de candidatos presidenciales participando en el proceso electoral, en un entorno restringido, con el desafío de hacer del conocimiento de la población sus propuestas y perfil, en tan solo tres meses. No es tarea fácil.

Un mensaje que ha circulado en los últimos días, supone que el proceso electoral pondría en suspenso la dinámica coyuntural, posponiendo las grandes decisiones nacionales debido a la necesidad de concentrarse en las próximas elecciones como esquema de solución a la crisis actual. El argumento parte de la premisa que será la población, con su voto, la que determine el respaldo político en determinada dirección. Interesante pero imposible. Este proceso electoral no sustituye la institucionalidad propia de nuestro sistema democrático. Las resoluciones constitucionales y los temas legales, de menor jerarquía, continuarán su camino. El Proceso electoral no altera responsabilidades ni evita el cumplimiento de disposiciones emitidas.

Se mantiene la incógnita de cómo la batalla de los sectores polarizados se trasladará al ámbito electoral. Todavía puede haber sorpresas en el proceso de inscripción de candidatos (as) y de consecución de finiquitos para algunos participantes. Tampoco están claros los límites de la capacidad de aparecer en los medios de comunicación o de opinar sobre temas nacionales para las y los candidatos, durante los próximos meses. Más subjetividad se vislumbra en el horizonte.

En síntesis, la agenda nacional está cargada. Es fundamental resguardar la institucionalidad democrática y no alterar el orden jurídico. Es importante definir el futuro de CICIG. No es prudente detener la agenda legislativa, sobre temas prioritarios de desarrollo, ni tampoco la labor gubernativa de último año. Todo ello, en medio de un proceso electoral que se vislumbra con grandes nebulosas.