Miércoles 20 DE Febrero DE 2019
Opinión

Solidaridad con México y Colombia

— editorial
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El viernes pasado, en medio de una toma ilegal de combustible en el municipio de Tlahuelilpan, Estado de Hidalgo, México, se produjo una explosión, que tuvo un saldo trágico de, por lo menos, 79 muertos y decenas de heridos. La explosión se produjo dos horas después del aviso de una fuga intencionada de gasolina. Según informaciones de prensa, diversos pobladores se trasladaron al lugar de la fuga con bidones para intentar acarrear algo del hidrocarburo. Si bien efectivos del Ejército mexicano llegaron antes de la explosión, pero se replegaron para “evitar un enfrentamiento con la población”, según informó el gobierno presidido por Andrés Manuel López Obrador.

El gobernante mexicano, al referirse a la desgracia, expresó que no detendrá el plan contra el robo de combustible y que no se enfrentará a la población, porque no es con medidas coercitivas como se terminará con la práctica del robo de combustible. En ese sentido, López Obrador dijo: “Nosotros no vamos a apagar el fuego con el fuego, no vamos a enfrentar la violencia con violencia”.

Asimismo, el pasado jueves en Bogotá, Colombia, se llevó a cabo un atentado terrorista perpetrado por José Aldemar Rojas Rodríguez quien tripulaba un coche bomba contra una academia policial, dejando un saldo trágico de, por lo menos 21 muertos y 68 heridos. Ha trascendido que el autor material del ataque a la Escuela de Cadetes de Policía General Francisco de Paula Santander, José Aldemar Rojas Rodríguez, era un experto en explosivos y estaba vinculado al Ejército de Liberación Nacional (ELN), una organización guerrillera que permanece activa en Colombia y que opera en la zona fronteriza entre Venezuela y Colombia. El coche bomba era un Nissan Patrol, modelo 1993, cargado con 80 kilos de pentolita, una mezcla de TNT y pentrita.

El presidente de Colombia, Iván Duque, decretó dos días de duelo nacional y expresó: “(…) este despreciable acto no quedará en la impunidad (…) Colombia les demostrará que esta es una nación fuerte y unida y que no se quiebra ante la demencia de estas agresiones”.

Sin duda, estas son dos tragedias humanas, con diferente causalidad, que enlutan a los pueblos hermanos de México y Colombia. Así como los pueblos y gobiernos mexicano y colombiano se han solidarizado con el pueblo guatemalteco en los momentos de pena, desesperación y angustia en el medio de la adversidad, la intolerancia, la injusticia y la violencia, hoy los guatemaltecos nos solidarizamos con ellos, especialmente con las víctimas directas de las tragedias, y los exhortamos a que, con fe y esperanza en Dios, se sobrepongan al infortunio, a la desgracia y al dolor.

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