Miércoles 20 DE Febrero DE 2019
Opinión

La falacia de la motivación

Lo que realmente cuenta es la disciplina.

— Luis Fernando Cáceres
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En algún momento de la historia reciente –ignoro cuándo exactamente– la motivación tomó relevancia predominante y su aura de infalibilidad empezó a permear todas las capas de la literatura pop. Una categoría de obras, completamente nueva, surgió en las librerías bajo el nombre de “literatura de autoayuda” y luego con el mote más explícito de “automotivación”. Así las cosas, la motivación pasó de ser reconocida como solución garantizada a procedimiento ineludible. La motivación fue, pues, reina en una casa confundida.

Adelanto que pocas cosas relevantes han sucedido de la mano de la motivación. Es en realidad la disciplina la que mantiene firme el curso, la que hace que el andar prosiga cuando el entorno se vuelve frío y todo parece oscuro. Ninguna cantidad de motivación hará a una persona levantarse temprano en el frío de la mañana, día tras día, semana tras semana, mes tras mes. Ninguna cantidad de motivación hará a una persona sacrificar gratificación en el presente ante la posibilidad de obtener mayor grado de satisfacción en el futuro. Solo la disciplina logra eso. Solo la disciplina logra que nos dobleguemos y contengamos, de manera que podamos mantener el curso necesario por obtener resultados considerables.

Es cierto que la motivación provee la razón, el motivo para iniciar un proyecto, sin ella no hay inicio, pero es hasta ahí a donde nos puede llevar. Para sortear obstáculos y mantenernos firmes en el camino, para soportar privaciones e intercambiar pequeñas satisfacciones inmediatas por recompensas mayores en el futuro incierto, necesitamos disciplina.

Es precisamente eso lo que deberíamos aprender y desarrollar. Es acerca de este tema que debieran borbotear libros en las estanterías de las librerías. La disciplina es la madre de todo éxito.

El rigor y la templanza necesarios para ejercer autodisciplina deben ser desarrollados a lo largo de toda nuestra vida y, para perfeccionar este preciado rasgo, es imperioso conocerse a sí mismo.

Es por medio de auto observación y a través de un profundo deseo por aprender de los errores pasados, que uno logra sobrellevar mejor los retos que presupone auto adiestrarse a mantenerse firme e íntegro.

Al centro de todo este asunto reside la capacidad de formarse hábitos. Es decir, originar la facultad de proceder de modo particular, adquiriendo, por repetición, la costumbre a generar actos iguales o semejantes.

La ola de quienes promueven la automotivación como llave del éxito, se basa en una suposición errónea acerca de que para completar una tarea es necesario tener un cierto estado mental y emocional. La disciplina, al contrario, no mezcla los actos con el estado anímico y los sentimientos, y de esta manera se evita el problema. Invariablemente los beneficios que trae la disciplina son mucho más certeros que los que puede lograr la motivación por sí misma.

Como bien dice Zbynek Dran: “La motivación es una actitud contraproducente para la productividad. Lo que cuenta es la disciplina.”

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