Miércoles 20 DE Febrero DE 2019
Opinión

El legado de Jimmy Morales

Parias, sin instituciones, grosero irrespeto de la ley.

— Édgar Gutiérrez
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Después del asalto a la embajada de España en 1980 y de centenares de masacres de civiles en el campo durante los siguientes años, Guatemala se convirtió en paria. El retorno a la democracia y el final del conflicto armado contribuyeron a que el país recuperara algunos beneficios y derechos internacionales. Aun así, nos siguieron viendo con marcada sospecha, como si fuéramos los nazis de Centroamérica. En ese periodo, entre otros asuntos, perdimos todo margen de maniobra para una buena negociación de derechos con Belice.

El poco terreno recuperado durante 30 años lo hemos vuelto a perder con Jimmy Morales, Sandra Jovel y Enrique Degenhart. Comenzó en agosto de 2017 cuando a Morales, en vez de pedirle abierta y directamente al secretario general de la ONU, António Guterres, la salida de Iván Velásquez, se le ocurrió declarar ‘non grato’ al comisionado 24 horas después de regresar de Nueva York. Para Guterres fue una puñalada por la espalda y, por eso, desde entonces respalda con ímpetu a Velásquez.

La pérdida de espacios internacionales se aceleró cuando en septiembre pasado Jimmy Morales impidió que el Comisionado regresara al país. Luego vino el evento bochornoso en el aeropuerto, el 5 de enero, cuando los agentes migratorios retuvieron 25 horas a un investigador de la CICIG. El propio Morales puso la tapa al pomo el 7 de enero cuando oficialmente dio a conocer su incumplimiento del acuerdo de la CICIG, que significa violar leyes nacionales e internacionales. Jimmy Morales se ha vestido como chafa gorilón de los años ochenta.

Pero no solo es el fondo, también es la forma. Después de tres años, Morales no aprende a ser presidente. Jovel no sabe ni jamás sabrá ser canciller. Su estilo rudimentario y la inconsciencia de su actuación la convierten en irresponsable flagrante. Del tema de la CICIG, el Pacto de Corruptos pudo haber salido con elegancia y estilo, en cambio heredan un tremendo problema al país. ¿Otros 30 años para abandonar la nueva condición de paria de Estado mafioso? Jimmy Morales es el portador del oscurantismo para Guatemala.

Este extraño periodo político de los Trump, Bolsonaro, Putin y Erdogan; este triunfo parcial de la anti-política, del cinismo, el abuso y la mentira, era la inflexión necesaria para bajar del Olimpo a los políticos democráticos que perdieron piso, o sea, el contacto con la realidad, con las necesidades de la gente. Los Lula, los Clinton se creían perdona vidas. Eso no funcionará más. Mientras, las izquierdas no tienen mejor versión que dictaduras atroces y perversas encarnadas en Maduro y Ortega.

Así están las cosas. Nuestro país polarizado, y el mundo igual. Se comunican a través del lenguaje atrofiado de la guerra fría. Pero los derechos humanos son un tema real, problemático, sobre el cual trabajosamente avanzamos durante 30 años. La corrupción es un tema real que, al atacarlo, por supuesto, alteró relaciones de poder, y también se venía avanzando. Cuatro o cinco congresistas del Capitolio, más los señores del business en la Casa Blanca, más, por supuesto, Israel (potencialmente China y Rusia y, quién sabe, hasta Turquía), están con el Pacto de Corruptos repitiendo las increíbles consignas de la guerra fría. No tienen futuro, porque son, como Jimmy Morales, un bache en la historia que pronto vamos a superar. Ahora, el legado de aislamiento internacional, demolición de instituciones y el grosero irrespeto a la legalidad nos costará remontarlo. Ojalá que no 30 años…

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