Domingo 21 DE Julio DE 2019
Opinión

La supuesta religiosidad de la ultraderecha corrupta

¿En dónde radica el ascenso de este entusiasmo religioso reaccionario?

Fecha de publicación: 19-01-19
Por: Jorge Mario Rodríguez

 

Uno de los rasgos definitorios de la escena política global de la actualidad es el marcado retorno de la ultraderecha. A un paso constante, se han establecido gobiernos autoritarios, algunos abiertamente fascistas, que desprecian las formas constitucionales y los derechos humanos. El presidente de facto de Guatemala es un ejemplo particularmente desagradable de este tipo de “gobernante” autoritario.

Las razones para el ascenso de la ultraderecha son múltiples. Sin embargo, entre ellas destacan el incremento de la sensación de inseguridad, así como la terrible desigualdad que afecta a la mayoría de sociedades contemporáneas. Este descontento, manipulado a través de los sofisticados medios de control que ofrece la tecnología moderna, ha servido para que ganen influencia una serie de líderes que sobresalen por sus dementes agendas.

En este contexto, han ganado auge ciertos movimientos religiosos cuyas creencias contribuyen al fortalecimiento de la ultraderecha. Estos movimientos, generalmente asociados con posiciones evangélicas, han ganado influencia política en una gran cantidad de países, desde Uganda hasta Brasil, pasando por Guatemala y Estados Unidos. Desde hace algunos años, Chris Hedges ha denunciado el fortalecimiento de un cristianismo fascista que rechaza la inmigración y apoya causas como el negacionismo climático.

¿En dónde radica el ascenso de este entusiasmo religioso reaccionario? Sin duda, la respuesta debe tomar en cuenta el hecho que estas propuestas religiosas ofrecen una esperanza inmediata a la precariedad y la inseguridad. El Evangelio de la prosperidad, por ejemplo, provee la respuesta instantánea que muchos buscan, puesto que ofrece la solución para las tragedias personales que abundan en el casino planetario de la economía contemporánea. A través de una prédica mágico-sensacionalista, salteada con milagros televisados, se vende la riqueza material para los creyentes. Así las cosas, los mismos corruptos pueden ver su riqueza ilícita como producto de la bendición divina.

Desde luego, muchas personas de estas iglesias tratan de vivir su religiosidad con la mayor consistencia posible. Los ejemplos abundan y todos conocemos a algunas de estas personas. Sin embargo, tampoco se puede negar que muchos de estos creyentes aceptan la corrupción. Al dejarse manipular por la clase política corrupta, se convierten en parte del sistema que finalmente los oprime.

Es necesario que los evangélicos y muchos católicos, que han seguido el discurso ultraderechista y han apoyado la delincuencia política que ahora se ensaña contra la CICIG, reconozcan que el sentido religioso de la existencia no puede optar por la injusticia y el crimen. Esto no es posible si se vive esa espiritualidad que llega al fondo de la conciencia y cuestiona lo que muchos aceptan como “natural”. Rechazar el aborto, por ejemplo, no justifica que se apoye a los responsables por el sufrimiento gratuito que causa un Estado en el que los fondos para garantizar los derechos fundamentales van a engordar los bolsillos sin fondo de la mafia política.

En conclusión, las personas que siguen una opción religiosa no deben dejarse manipular por líderes irresponsables que les quieren hacer ignorar la dimensión política de su vida diaria. Para la conciencia ciudadana, no existe una identidad religiosa guatemalteca que acepte la corrupción como una práctica legítima. Con independencia de nuestras creencias espirituales, no debemos apoyar al régimen corrupto de Jimmy Morales.