Domingo 17 DE Febrero DE 2019
Opinión

El agua: elemento articulador frente a la dictadura

El agua, para la Asamblea Feminista, es vida, un bien colectivo que no puede ser considerado mercancía..

— Paula Irene del Cid Vargas/La Cuerda
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Empresarios tradicionales y emergentes (militares, alcaldes, diputados y malos cómicos) buscan que la normativa estatal sea en función de su proyecto de acumulación de riqueza. Requieren que las reglas favorezcan la impunidad con la cual despojan bienes naturales y explotan a las personas. Estos actores, constantemente dan ejemplos de cómo acomodan los procesos a su favor: en el ejecutivo, las constantes acciones para desmantelar la CICIG y la actitud prepotente con la que se intenta limitar los derechos a expresión y manifestación; en el Organismo Judicial, desvincularon a la CICIG como querellante del caso “Botín del Registro de la Propiedad” en el cuál se encuentran acusados de cobrar servicios que nunca fueron prestados, el hermano y el hijo del presidente Morales; la decisión del Tribunal Supremo Electoral de suspender el proceso de cancelación de partidos señalados de financiamiento electoral ilícito; en los espacios locales la complicidad de alcaldes y del Sistema de Consejos de Desarrollo para permitir la explotación de bienes naturales comunes para los grandes empresarios. Para ellos la democracia, es un juego que no interesa. Manipulan la opinión pública, invisibilizan o tergiversan el carácter de las luchas y las propuestas de los distintos movimientos sociales: pueblos indígenas, estudiantes, mujeres, colectivos LGTBI, y con relativo éxito, buscan que sus intereses, por demás minoritarios y sectoriales se perciban como si fueran de todos “los guatemaltecos” y vemos cómo en nuestro entorno se trivializan ideas básicas de convivencia a favor de sus intereses económicos. Son expresiones de un nuevo régimen social, político y económico al que el sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos nombra “fascismo social”. Para enfrentar la dictadura y el fascismo social, los movimientos sociales tenemos el reto de articularnos, dándonos el tiempo de poner en común nuestros análisis y propuestas sobre las problemáticas que le aquejan a los distintos segmentos de la población. Un ejemplo es el agua, para la Asamblea Feminista, es vida, un bien colectivo que no puede ser considerado mercancía; es un elemento para preservar los ciclos de reproducción de los distintos sistemas ecológicos. Analizamos que en el actual régimen económico y político el empresariado tiene garantizado el suministro de agua, tanto en la ciudad como en el campo. La industria de “alimentos”, licores, de caña de azúcar, hidroeléctricas, son sectores prioritarios en el momento de planificar la conducción y acceso al agua, en detrimento del uso domiciliar, o del cultivo de alimentos, dejando sin agua a comunidades enteras, particularmente aquellas aledañas a los megaproyectos. Frente a la problemática de saneamiento del lago de Atitlán, propondríamos el tratamiento local y comunitario de las aguas residuales para que retornaran al lago. Por ello nos oponemos a la propuesta de colectar y exportar estas aguas a la costa sur, porque supone endeudamiento público millonario y porque carece de criterios colectivos y ecológicos.

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