Domingo 17 DE Febrero DE 2019
Opinión

No más insensateces ni violaciones constitucionales

El proceso de construcción democrática, ha retrocedido en los últimos meses.

— Renzo Lautaro Rosal
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Nada le importa al electo en 2015, ni a su grupo de incondicionales, con llevar a Guatemala a una nueva escalada de crisis de la que difícilmente nos recuperemos en años. Desatender los mandatos de la Corte de Constitucionalidad, gusten o no, son los máximos indicadores del nivel de degradación legal y moral a que nos ha llevado el gobierno electo bajo un contexto, donde el mandato ciudadano indicaba todo lo contrario: contribuir a transitar hacia una ruta de estabilidad, soluciones a desafíos acumulados, retomar el Estado de Derecho y priorizar la lucha contra la impunidad. Nada de eso pasó. De pronto, nos vemos atrapados entre lo absurdo y lo surreal.

Tal parece que gobernantes y elites, secundados por un minúsculo grupo de gritones debidamente aceitados por recursos procedentes de estructuras oscuras, han creado un terrible acumulado de episodios; propios de una novela terrorífica. Pero esa ha sido la lógica dominante a lo largo de nuestra historia: impedir, por todos los medios posibles, que cualquier reforma o iniciativa que indique cambios pueda materializarse. Eso ha pasado con las reformas en materia fiscal, los procesos de reformas constitucionales; e incluso los intentos de reformas electorales. El olor a cambio de carril obnubila, alimenta las resistencias y alienta la creación de falsas percepciones.

Vivimos en el marco de la relatividad. De allí que todo depende del lente con el que se quiera ver. Si las leyes convienen a los intereses de los dominantes, pues bienvenidos. Por el contrario, si se advierte al menos una luz amarilla, toca activar el tablero de control para contener las sublevaciones, las amenazas; y de paso, a los creadores de semejantes atrevimientos. La historia vuelve a repetirse, solo que en esta ocasión, las fuerzas de resistencia muestran mayor ferocidad porque el ciclo del momento, incluso a escala global, va a contra pelo.

La escalada del populismo de derecha, comienza a caer en caída libre. Las amenazas, semejantes al mensaje de “viene el lobo”, ya no son creíbles. Por ejemplo, las migraciones son una lacerante realidad; pero no es cierto que con muros, uso de la violencia, falsos ofrecimientos o medidas de caridad, esa realidad vaya a parar. Tampoco es válido el argumento de la defensa de la soberanía, en un contexto marcado por las constantes interacciones entre regiones y países, donde la interdependencia es la constante. Eso de decir que nos bastamos a nosotros mismos para salir avante, es una falacia. Hoy, ningún Estado puede atreverse a decir semejante idea. Imágenes creadas para sembrar miedos.

El proceso de construcción democrática, ha retrocedido en los últimos meses. Eso qué les importa a los defensores del estatus, si de lo que siempre se ha tratado es mover las aguas, aumentar la intensidad del oleaje; porque en ese entorno saben moverse a sus anchas. Toca poner alto a esta vorágine, evitar caer en las trampas del momento, cuestionar a los promotores de ilegalidades y eliminar cualquier posibilidad de continuidad que puede tener en el marco de las próximas elecciones; donde los incendiarios apelan a transferir sus intenciones a alguno de los varios candidatos rapaces.

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