Miércoles 20 DE Febrero DE 2019
Opinión

Recuento de los daños

“La política exterior pasa sus peores momentos”

— Miguel Ángel Sandoval
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La afirmación de Jorge Mario García Laguardia, expresidente de la CC y ex PDH, sobre la destrucción de la institucionalidad y la democracia, puede ser el daño mayor de la crisis que se viene desarrollando por desconocer a la CICIG. Esto constituye un retroceso de varias décadas. Todo por la desatinada política del ejecutivo de querer terminar con la CICIG. Lo grave del tema es que se trata de una causa perdida. De momento puede quedar la impresión que se puso en su lugar a los comunistas de la ONU y esas tonterías. Pero el hecho es que a nivel mundial nos miran con compasión y medio mundo se burla del país. Estamos entrando en el túnel del aislamiento.

La idea de concluir con el Convenio con la CICIG por considerar que interviene en nuestros asuntos internos, no pasa de ser una expresión de humor involuntario. Se quiere terminar para impedir que la acción emprendida contra la corrupción continúe. Se aplaudió, mientras los señalados eran funcionarios de menor rango. Uno que otro diputado y un presidente que como los fusibles se cambian en cualquier momento. Se complicó, cuando se inició la persecución por corrupción de los dueños de la finca, que encontraron un pretexto con la investigación de los miembros de la familia presidencial.

A partir de entonces, los corruptos cerraron filas y sacaron argumentos de soberanía o independencia, para justificar lo injustificable. Renovaron el discurso contra los extranjeros indeseables. Ahora la crisis desatada es de pronóstico reservado. Pero en todos los casos y escenarios, no es de buen término para el ejecutivo y quienes le apoyan. Que es bueno anotar, ya está de salida. Ello a pesar de la ofensiva en contra de las instituciones como la CC o el aprovechamiento de los compromisos de los magistrados cooptados, o la vulgaridad de diputados.

La política exterior pasa sus peores momentos. La balandronada de pelear con la ONU es realmente una vergüenza. Distanciarse del principal socio como son los EE. UU. solo revela ausencia absoluta de sentido y tacto diplomático. Apostar por la impunidad y la corrupción como divisa internacional es penoso. No hay en el balance nada que nos diga que se avanzó aun sea un pasito. Se retrocedió décadas. Desde el festinado cambio de la sede de la embajada a Jerusalén hay un retroceso evidente, pues hay que convenir que la diplomacia guatemalteca mantuvo siempre la idea de dos estados en esa región y Jerusalén como un territorio abierto a todas las expresiones.

La movilización social desatada en apoyo a la CICIG, y en dirección a que continúe la batida anticorrupción, así como en defensa del orden democrático, no es algo que pueda desacreditarse porque está “manipulada” por comunistas, o izquierdistas. Expresiones de todos los signos ideológicos y políticos apoyan estas movilizaciones. Y la lucha contra la corrupción ocupa hoy día un espacio sumamente importante a nivel mundial. Por ello se aproximan días duros para el actual gobierno. Son los hechos.

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