Sábado 16 DE Febrero DE 2019
Opinión

“Del diente al labio”

Enfrentados por años, al final de cuentas no hacen nada para cambiar, solo se quejan del sistema.

— Rodolfo Neutze
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En Guatemala existen diversos grupos con voz constante en opinar sobre la realidad nacional. La gran mayoría de los participantes de la sociedad civil sean progresistas o conservadores; sean miembros de una asociación formal o de un grupo de amigos; representen pequeños o grandes empresarios; sean tanque de pensamiento o analistas legales; tienen más en común de lo que quisieran aceptar o creer. Ninguno de estos grupos se anima a cambiar el sistema desde adentro. Se mantienen constantemente criticando y pidiendo a gritos cambios según su particular opinión de lo que hace falta. Pero cuando se les presentan oportunidades para que algunos de sus miembros den el paso y participen en política, ¡nadie se anima! Cómo pretendemos tener un mejor país si a la hora de la hora no se “arriesgan”. El verdadero problema de este país es nada más y nada menos que a los guatemaltecos que tienen la oportunidad de proponer cambios a través de las ideas, no importa la ideología que tengan, les sobran las excusas para convertir las ideas en acciones.

Personalmente tuve la oportunidad de entrevistarme con decenas de personas muy activas en la realidad nacional para ofrecerles un camino limpio de compromisos y restricciones para llevar sus ideas al Congreso de la República. Acepto que no estaba ofreciendo un colazo a Disneylandia si no probablemente la percepción generalizada es que les ofrecía llevarlos a un hemiciclo que se parece más al infierno de Dante. La respuesta de la mayoría fue que no muchas gracias. Esto reafirma que en nuestro país existe una urgencia nacional de recuperar el prestigio del poder legislativo. Chorros de tinta se usan criticando a los diputados, pero se nos olvida que son reflejo de la sociedad porque los elegimos nosotros. La primera excusa usada para criticarlos es que no “sabemos” por quién estamos votando. En nuestra era moderna esta falacia ya no es válida. Cualquiera con un plan de datos modesto puede revisar los primeros lugares de cualquier listado de diputados y hacer un análisis medianamente certero de la calidad de los nominados. Para finales de marzo de este año sabremos con ciencia cierta quiénes son los mejores y peores candidatos al Congreso. No podemos alegar ignorancia si reelegimos a personas que han huido de sus antejuicios con argucias legales o elegimos personas que su único mérito ha sido proveer de comida a los partidos políticos. Un pequeño análisis de la historia de los candidatos sirve para predecir su actuar. No es un método infalible, pero sí menos riesgoso que solo creer en una cancioncita. El futuro del país se juega en estas elecciones y es nuestra responsabilidad saber a quién le daremos nuestro voto para el Ejecutivo, el Legislativo y el poder local municipal. Como electores no podemos permitir que la apatía o el desgano no nos permita analizar a los candidatos dispuestos a trabajar por cambiar Guatemala. El TSE está obligado, ahora que no habrá libertad de publicitar a los candidatos, a hacer públicos los historiales de vida de los primeros nombres en todos los listados. La única manera que vamos a cambiar la oferta electoral es con una demanda más exigente. El cambio, aunque nos duela aceptarlo, empieza por nosotros los votantes. Con un crayón de cera en menos de un minuto podemos hacer al Congreso respetable otra vez.

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