Domingo 24 DE Marzo DE 2019
Opinión

Lotería política

Cada cuatro años llega un aprendiz de gobernante a experimentar e improvisar, sin un plan de trabajo y mucho menos con un equipo capaz de ejecutarlo.

— Estuardo Porras Zadik
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A pocas semanas de la convocatoria oficial a elecciones, varias agrupaciones políticas continúan en la búsqueda de personas dispuestas a postularse por su partido, a un cargo de elección popular.

Aunque no lo crean, diversos partidos aún no llenan las casillas de presidente y vicepresidente. A mí se han acercado algunos con ofrecimientos puntuales: desde liderar como candidato a la Presidencia, hasta formar parte del listado nacional por el Congreso de la República. Absurdo, dado que por el hecho que de vez en cuando emita alguna opinión sensata con relación a la coyuntura nacional, no poseo las capacidades requeridas para ocupar un cargo público. El primer acto de corrupción ocurre cuando aceptamos una posición para la cual no estamos preparados.

Qué mejor ejemplo que el Congreso de la República para enfatizar en las consecuencias de una clase política sin preparación y, peor aún, sin ideología definida. El nuestro es un Congreso tránsfuga, en el que se forman aplanadoras en función de intereses que poco tienen que ver con los votantes y demasiado con intereses espurios. Las ideologías de nuestros próceres tienen un precio establecido, capaz de convertir al opositor en el mejor aliado. Qué insulto para quienes apoyaron a un partido porque se sentían identificados con sus planteamientos, para que luego este admita en su alineación a tránsfugas que no representan a los votantes, ni a las promesas de campaña ni a la supuesta ideología partidista. Y así nos quedamos huérfanos, sin representación política, ante la ausencia de instituciones cimentadas en ideología y tradición. La papeleta de votación parece un cartón de lotería. En eso se han convertido nuestros comicios: en una lotería en la que a veces ganamos uno no tan malo, de vez en cuando uno malo y casi siempre, uno peor.

Qué difícil es en Guatemala ser de izquierda, centro, o derecha ya que los políticos son ambidiestros; y no por la sana migración hacia el centro, sino por la inexistencia de ideologías. Por ello nos ofrecen canciones pegajosas y eslóganes populistas, en vez de planes de trabajo pues no los tienen, no los saben hacer y mucho menos podrán ejecutarlos. Lo que hay hoy es tan malo como lo que hubo hace cuatro años, y muy similar a quienes nos han gobernado durante la era democrática. El resultado es la Guatemala actual, que lejos está de alcanzar su potencial. Lo que hemos logrado se debe a la tenacidad y perseverancia de quienes construyen país, a pesar de lo nefasto que han sido los políticos y sus gobiernos.

Si la clase política no se profesionaliza creando instituciones con base en ideología y tradición, seguiremos presos del círculo vicioso al que llega un aprendiz de gobernante a improvisar, sin un plan de trabajo y sin gente capaz de ejecutarlo. Así como los partidos salieron, al azar, en busca de quién se anima a representarlos en la contienda electoral, así de informal promete ser la creación del plan de trabajo y la conformación del equipo que lo realizará. El panorama cambiará hasta que sean profesionales, capaces y guiados por ideologías, quienes participen. Por ahora lo que se vislumbra es otra lotería política que, ¡ojalá!, lleve al poder al menos peor.

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