Martes 15 DE Octubre DE 2019
Opinión

Edelberto Torres Rivas; “Lo que el viento, no se llevó” (iii Parte)

Me alegré tanto de saber de ese comportamiento del Coronel Rodríguez, para con Edelberto.

Fecha de publicación: 15-01-19
Por: Eduardo Antonio Velásquez Carrera

Cuando conocimos a Edelberto, Silvia y yo en Río de Janeiro, en 1985 y nos invitó a visitarlo una noche en uno de los hoteles de Copacabana y tomar unos buenos tragos de whiskey, los estudiantes eternamente gafos se lo agradecimos, pero mayor fue nuestro agradecimiento cuando el Profesor Torres Rivas se preocupó de los temas de tesis de maestría que estábamos escribiendo, entonces. A mí me preguntó qué estaba haciendo y yo le respondí que lo mío era estudiar la relación entre la especificidad del desarrollo del capitalismo en Guatemala y la forma como se había concretizado el crecimiento urbano y la urbanización, entre 1940 y 1981. Me preguntó cuáles eran mis referentes teóricos y que bibliografía sobre Guatemala había leído o estaba leyendo. Al detallárselos me dijo parece que vos patojo sos un buen ratón de biblioteca y me alegra que hayas leído y consultado tanto sobre nuestro país, pero veo que tus referentes son todos científicos sociales y hay poca lectura de los artistas y especialmente escritores de Guatemala. No olvides, me dijo, que los artistas y los literatos tienen otras formas de llegar a la verdad y a la interpretación de lo que ha ido sucediendo en nuestro país. Lee a los escritores de Guatemala, tiene otras formas de investigar, de leer, de ver a Guatemala, quizás eso te ayude en tu propia interpretación, llegando desde los métodos de las ciencias sociales. Todavía guardo con gratitud, sus invaluables consejos que me han servido en mi trabajo académico y que me han ayudado en el recorrido de la vida. En esa ocasión surgió una anécdota, que guardo con cariño en mi memoria, pues tiene que ver con nuestra infancia. Cuando le preguntamos por qué había tenido que salir al exilio, desterrado de Guatemala, nos contó que había sido preso, una noche, por estar haciendo propaganda del Partido Guatemalteco del Trabajo –PGT– en los años del golpe de Estado de Peralta Azurdia y que lo había llevado detenido a la Jefatura de la Policía Nacional. Al día siguiente, a los detenidos los fueron pasando, uno a uno, frente al Jefe que era, nada más y nada menos, que el Coronel Víctor Manuel Rodríguez, apodado el Loco Rodríguez de grata recordación en nuestro barrio y de nuestra familia. “Y usted, cómo se llama le preguntó el Coronel. A lo cual respondió, Edelberto Torres Rivas. Y usted que es de mi maestro Don Edelberto Torres Espinoza, indagó el Coronel Rodríguez, pues soy su hijo, respondió Edelberto. Mire patojo, qué chingados anda haciendo. Tiene tres días para abandonar el país, le dijo y Edelberto nos relató que en su presencia rompió la ficha, que era en realidad del kárdex. La próxima vez no la cuenta. Y esto lo hago en respeto a su señor padre”. Yo me conmoví mucho con el relato y se me vino a la mente el hogar que conformaba el Coronel Rodríguez con Doña Elvia y sus hijos, tan queridos para nosotros sus vecinos. Reviví aquellos momentos, de los días domingo, que el Coronel Rodríguez sacaba su moto Harley Davidson, de los tiempos de Ubico, a la cuadra para encenderla y dar vueltas en los contornos de la colonia Utatlán I y la Toledo. Volví a ver la larga fila de patojos y patojas, esperando que el Coronel Rodríguez se rindiera y nos diera una vuelta en aquella moto, que tenía inclusive “side car” de los tiempos de la segunda guerra mundial. “Abran bien las piernas, patojos, para no tener accidentes”, nos decía, cuando felices nos subíamos a la Harley Davidson a echar un colazo. Me alegré tanto de saber de ese comportamiento del Coronel Rodríguez, para con Edelberto. Continuará…