Miércoles 11 DE Diciembre DE 2019
Opinión

Enfoque A prueba Estado de Derecho y sistema de justicia

La globalización económica significa que los procesos económicos ya no están anclados permanentemente.

Fecha de publicación: 29-12-18
Por: Gonzalo Marroquín Godoy

 

Parecería ser que todos los hombres somos consumidores y productores. Y en este sentido parecería que no debe haber ningún conflicto entre ambas facetas de nuestras vidas. Y, sin embargo, en el mundo que vivimos, globalizado, sí parece haberlo.

En la antigüedad clásica el hombre era un animal político, en el medievo parece que el hombre era visto como un ser religioso y a partir del siglo XIX fue convertido en un homoœconomicus. El hombre en los dos últimos siglos ha sido básicamente descrito como un productor y un consumidor. Esto es parte de la “episteme” actual.

La “episteme”, la idea marco de esta época es fundamentalmente economicista por lo que es muy difícil que podamos entender o concebir las cosas y las palabras fuera de la “visión epistémica” actual. Así, no nos queda otro remedio que pensar en cómo nos relacionamos los consumidores y los productores en la época de la globalización y los conflictos que esta está generando en todo el planeta.

Si nos observamos como consumidores, el proceso de globalización iniciado hace unos quinientos años y enormemente acelerado a partir de la década de los años sesenta del siglo pasado, ha traído enormes beneficios a los 7.5 millardos de habitantes del planeta. Por ejemplo, en el siglo XVI el ingreso promedio por habitante era alrededor de US$500 anuales. Hoy esa cifra alcanza poco más de los US$10 mil 700 nominales. Si se considera la paridad de poder de compra de esos dólares, el promedio mundial es casi de diecisiete mil. Así pues, la producción total de bienes y servicios a nuestra disposición se ha multiplicado enormemente. Nadie puede negar que aún los habitantes más pobres del planeta disponen hoy de más bienes y servicios que en ningún otro momento de la historia.

Pero la contracara de esta situación es cuando nos vemos a nosotros mismos como productores en un mundo cada día más globalizado. La globalización económica significa que los procesos económicos ya no están anclados permanentemente en ningún territorio específico y su desiderátum epistémico es la eficiencia. Hacer más con menos.

Así pues, el capital y la tecnología se desplazan instantáneamente buscando las mejores condiciones para producir y reproducirse. Este hecho ha generado una brutal competición entre los países para atraer a esos esenciales factores. El “trabajo” que en realidad son los hombres y mujeres que contribuyen a la producción de los bienes, en teoría también podrían desplazarse de un lugar a otro. Sin embargo, esto no le es tan fácil ya que existen múltiples obstáculos legales y culturales.

El resultado de esta realidad actual es que, si bien todos ganamos como consumidores, como productores, la realidad es otra muy diferente. En la globalización hay unos pocos grandes ganadores y muchos que relativamente son perdedores. La desigualdad entre los países y las regiones, así como entre los individuos parece estar creciendo. Este fenómeno, de ser cierto, debería preocuparnos ya que la desigualdad creciente percibida rompe los vínculos más básicos de toda sociedad.