Sábado 21 DE Septiembre DE 2019
Opinión

Una transición riesgosa

El primer escenario 2019.

Fecha de publicación: 27-12-18
Por: Edgar Gutiérrez

 

El escenario de inercia para 2019, como expliqué el lunes 24, implica una transición riesgosa tratándose de un año electoral. Las premisas son, por un lado, que la tensión principal sigue concentrándose en el boicot de Jimmy Morales y el Pacto de Corruptos al trabajo de la CICIG, fiscales, jueces y magistrados independientes. Por otro lado, que la CICIG y la FECI continúan a tambor batiente la presentación de casos de alto impacto, al menos durante el primer semestre.

Y, en tercer lugar, que opera la variable externa de los demócratas controlando a partir del 3 de enero la Cámara Baja, y ejerciendo presiones y sanciones individuales contra agentes señalados de corrupción, violaciones de los derechos humanos y actividades criminales de diverso alcance. Mientras, la Casa Blanca y el Departamento de Estado subordinan las variables a la estabilidad del régimen.

En este escenario de retóricas inflamadas de descalificación y de odio, la gobernabilidad es aún más precaria. En un clima de creciente desconfianza, los disidentes del régimen sufren constantes acosos y campañas difamatorias. A medida que la dinámica electoral comienza a imponerse, sobre todo en el periodo de preinscripción de candidatos, es probable que se exacerbe una serie de conflictos sociales y se desaten olas de ataques violentos que no son investigados, aumentando la zozobra entre la población, particularmente en las regiones fronterizas.

Aunque un escenario de inercia significa la continuidad de las dinámicas políticas ya observadas en 2017 y 2018, cabe esperar un efecto acumulativo que provoca pequeños cortocircuitos, dando la falsa impresión de que se trata de crisis terminales. Se trata de golpes de mano encaminados a desbaratar la lucha contra la corrupción que podrían provenir del Congreso de la República y de Jimmy Morales. La inercia también encierra el agotamiento de actores y estrategias, y su reencauce.

En este caso el actor principalmente asediado por los factores internos de poder es el comisionado Iván Velásquez y su equipo de colaboradores. Los factores internacionales –Capitolio, Departamento de Estado, secretario general de las NN. UU.– procurarán que la CICIG atraviese el Niágara en bicicleta, esto es, que sobreviva aun bajo el ataque permanente, y que en el nuevo escenario que se abre en el segundo semestre, tras la primera ronda electoral –en esencia, la transición política– asegurar la continuidad de la Comisión hasta el 2023.

Esta previsión deja sin horizonte a Jimmy Morales y los principales actores políticos del Pacto de Corruptos, por lo cual, sin que necesariamente represente una ruptura institucional (por ejemplo, un golpe de Estado al estilo Jorge Serrano en 1993, y la reprogramación de elecciones), no es descartable que el presidente decida súbitamente denunciar (interrumpir) el acuerdo de la CICIG, con los impactos internos e internacionales que le acarrearía. Se desataría una polarización mayor que inevitablemente calaría en la disputa electoral.

La gestión de los procesos electorales encierra sus propios riesgos. Estará a prueba la capacidad del TSE de administrar las nuevas reglas del juego de la LEPP aprobada en el 2016. Para nada se trata de un proceso electoral convencional; además del alto grado de dificultad técnico, el Tribunal debe de lidiar con la disociación de las grandes empresas de medios respecto de la pauta electoral. Por otro lado, la siempre compleja elección de segundo grado de la Corte Suprema y las Salas de
Apelaciones, enfrentará un desafío particular en un contexto tan erizado.