Sábado 20 DE Julio DE 2019
Opinión

Un alto en el camino

Es el momento de reflexionar sobre nuestras acciones y sus efectos, de forma de ser capaces de modificar el accionar equivocado.

 

Fecha de publicación: 24-12-18
Por: Richard Aitkenhead Castillo

La Navidad es una fecha muy especial en nuestra cultura. Es un momento de meditación y de profundo encuentro espiritual. Es la época del reencuentro familiar, de la convivencia con amigos y compañeros de travesía presente o de etapas anteriores. Es momento ideal para agradecer bendiciones y alegrías, pedir perdón por actos equivocados y perdonar ofensas recibidas, así como brindar apoyo y pedir luz para quienes sufren problemas o angustias de todo tipo. Es tiempo propicio de hacer un alto en el camino.

La intensidad de las fechas, rodeadas de convivios y de presión comercial para el intercambio de regalos, dificulta el proceso de reflexión y, en ocasiones, confunde el verdadero sentido de la Navidad. Un espíritu de amor y fraternidad, no necesariamente reflejado por medio de regalos materiales y festines gastronómicos. Las distracciones con frecuencia nos distraen del objetivo verdadero de la misma forma que las provocaciones entre adversarios políticos nos distrae de las prioridades nacionales.

En términos de nación, el alto en el camino que debiésemos realizar, corresponde a la reflexión sobre nuestro compromiso con la transformación de nuestras instituciones y con los cambios de conducta que requiere Guatemala. Basta de confrontación, odios y ataques de unos contra otros. No es posible construir un estado de derecho, con una estrategia de transgredir repetidamente la ley. No es posible lograr fines loables, utilizando medio incorrectos. No existe la libertad, sin responsabilidad. No puede haber fraternidad, ignorando al hermano que sufre o la familia que se hunde en la miseria. De nada sirve una buena Constitución Política si no se cumplen sus preceptos, o se niega reiteradamente modificarla para adaptarla a las necesidades de un mundo cambiante.

El sentimiento genuino de la Navidad brinda la oportunidad de apertura de mente y corazón a otras visiones y opiniones sobre los problemas y soluciones a los desafíos nacionales. Es momento de escuchar al hermano, de tratar de entender su perspectiva, de buscar puntos de acuerdo y de dejar a un lado la confrontación que fomenta el odio y el deseo de venganza. Es momento de solidarizarnos con quienes sufren de injusticias y con quienes han sido vulnerados sus derechos. Es momento de volver a soñar que el futuro puede y debe ser diferente.

El compromiso empieza en la mente y corazón de cada persona. Lo que no podemos ser capaces de sentir, no seremos capaces de transmitir. El cambio empieza en la persona. El segundo círculo de acción es la familia, el núcleo central alrededor del cual gira nuestra vida y los lazos más estrechos y perdurables. Sigue luego con los amigos y compañeros, hasta llegar a la comunidad. En cada uno de ellos, un alto en el camino es propicio. Es el momento de reflexionar sobre nuestras acciones y sus efectos, de forma de ser capaces de modificar el accionar equivocado, de superar nuestras flaquezas, de valorar a nuestro prójimo y de reiterar el compromiso con los principios y valores de nuestra cultura y espiritualidad.