Sábado 4 DE Julio DE 2020
Opinión

Abrazos navideños

La elite mundial se comporta como los fariseos del Evangelio. Esos fariseos que crearon sus propias leyes a su conveniencia.

Fecha de publicación: 24-12-18
Por: Marcela Gereda

 

¿Qué diría Jesús del mundo de hoy?, ¿qué pensaría de las deformaciones que se han hecho en su nombre para controlar y manipular a millones de personas? ¿quiénes serían sus discípulos?, ¿qué diría de millones de personas hipnotizadas en la pantalla de su celular? Y qué pensaría de las hordas de gente en centros comerciales comprando compulsivamente la nada?

Cuentan que al poco tiempo de nacer la familia de Jesús, huyó hacia Egipto, para salvarse de las matanzas de niños por el tirano Herodes, que su vida fue un acto de sucesivos ejemplos que encarnaron el amor, que hizo del amor el templo de la vida del ser. Y que enseñó que todos formamos un solo cuerpo en Dios y ello tiene un significado diferente para cada uno.

Dijo que el amor al prójimo era el único camino, pero nosotros como especie nos hemos encargado de inventar bombas nucleares, hacer guerras, destruirnos los unos a los otros, destruir nuestro entorno. Nos comportamos como bacterias que arrasamos con casi todo por donde pasamos.

Los amigos de Jesús fueron pescadores a quienes habló de justicia. Hoy, en cambio, la clase dirigente del mundo, está compuesta por un núcleo de personas que velan solo por sus intereses y para ello pisotean a los otros. Sus actividades se caracterizan por ser monopolios de poder, y aún así, se dan aires de buenos cristianos.

La elite mundial se comporta como los fariseos del Evangelio. Esos fariseos que crearon sus propias leyes a su conveniencia. Esos que solo se preocuparon hipócritamente de la imagen por hacer culto y oración. Creyeron que cumpliendo con la formalidad de la ley era suficiente para Dios.

Vemos a la sociedad actual comprando impulsiva e histéricamente, veo cómo para engrosar cuentas la humanidad acaba con bosques, ríos, y especies de animales. Veo ríos de basura y una sociedad enferma de consumo vacío y de alimentos malos para el cuerpo y para la tierra. Y entonces creo que estamos lejos de entender el mensaje de amor de Jesús.

Como especie parecemos tener miedo de comprender que el amor es liberarnos de nuestras propias certezas y ataduras. No parecemos entender que la única y verdadera revolución es amarnos los unos a los otros en cada paso y respiración. Amar a nuestra “casa común” y protegerla y defenderla.

Me contaba un viejo amigo que la costumbre hasta la primera mitad del siglo pasado en Europa, donde se originó la tradición de dar presentes, el regalo que se les daba para Navidad a los niños, era una naranja envuelta en tela. Era el símbolo del sol y del calor en pleno invierno. ¿Cómo no podemos ser conscientes que la sociedad de consumo logró saturar el planeta completo de caprichos plásticos que son basura para nuestra Tierra?, ¿por qué les hacemos creer a los niños que Navidad es el regalo dictado por la publicidad capitalista?

La gente feliz no necesita consumir. Que esta Navidad hagamos el viaje hacia el infinito de los otros. Que sea abrazo rodeado de sonrisas, carcajadas y en la posibilidad de hacernos más conscientes, más humildes, más laboriosos en la búsqueda de sembrarnos y sembrar amor en el mundo. Deseo a cada cual abrazos que nos humanicen y ayuden a comprender que solo el amor nos libera y nos hace saber que no necesitamos ningún otro regalo que el que ya está en nuestro corazón.