Viernes 26 DE Abril DE 2019
Opinión

Política en la mesa

Según lo que se come en la mesa son las filiaciones y la amistad.

— Méndez Vides

En nuestra comida se expresa la diversidad nacional, porque somos un país dividido, un conjunto de subconjuntos que en lugar de ser atraídos por las costumbres en la mesa hacia un centro, parecemos despedidos hacia el exterior. Un pueblo en expansión, de grupúsculos que se van alejando unos de los otros en sus prácticas alimenticias a medida que transcurre el tiempo.

En El Salvador unen las “pupusas”, en Honduras las “baleadas”, los nicaragüenses son “pinoleros”, y en Costa Rica no falta el “gallo pinto” en las mañanas. Los platillos nacionales se consumen sin distinción social, en todos los ámbitos.

En Guate no hay un emblema similar, por la inmensa diversidad de platillos y grupos sociales con prácticas diferentes, aunque los frijoles negros sean quizá el elemento en común, a cuyo sabor ingresamos de niños, pero no como destino sino complemento, porque los frijoles se disfrutan con tortilla y con pan, y allí radica la primera fragmentación de la sociedad, porque para los hombres de maíz la tortilla es la medida de la subsistencia, y para los hombres de trigo, es la comida de los otros, o apenas un “a falta de pan, tortilla”.

Para unos son las “mixtas” y para otros los “shucos”. Unos mantienen la costumbre de los atoles, infusiones y café ralo, frente a quienes prefieren el café espeso, amargo o azucarado. Unos beben aguardiente o ron de caña, y otros prefieren el whisky, y estamos importando cada vez más vino. El mestizaje urbano de la primera mitad del siglo XX, que enlazaba culturas, ha cedido espacio a la incorporación de nuevas bebidas y comestibles que se comparten sin ser vinculantes, como el doble litro de gaseosa y la pizza.

Hay grupos que prefieren la comida sin grasa, y en sus cocinas se observa botellas pequeñas de aceite, mientras en otras se exhibe el galón, y, curiosamente, según lo que se come en la mesa son las filiaciones y la amistad, porque todos creen estar en lo ideal, dueños de la verdad, y miran con recelo y desconfianza a quienes no participan de sus prácticas.

Idéntico ocurre con los partidos políticos, que serán como 27 en pugna, enfrentándose como quienes comen diferente en la mesa. Creerán ser lo mejor para los demás, sin entender a quienes comen diferente, decididos a imponer su criterio, sin entender que lo recomendable es lo que nos une, no lo que nos diferencia.

Al momento no hemos visto surgir un candidato equivalente a los frijoles, y lo que se augura es la radicalización de las diferencias, el resentimiento y el desquite. En la sopa revuelta de las próximas elecciones se verá expresada nuestra identidad.

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