Jueves 19 DE Septiembre DE 2019
Opinión

Justicia y prensa

Los jueces y periodistas son esenciales para la democracia.

Fecha de publicación: 10-12-18
Por: MARIO FUENTES DESTARAC

 

Una justicia oficial independiente, imparcial, neutral al juego político partidista y a cargo de juzgadores capaces, idóneos y honrados, así como una prensa independiente, libre, objetiva, veraz e imparcial, son las instituciones fundamentales de la democracia republicana.

Los populistas y politiqueros, especialmente aquellos con vocación autoritaria o totalitaria, siempre se afanan en controlar la justicia oficial y en aherrojar a la prensa independiente, con el fin de abusar del poder ilimitadamente, asegurarse que sus excesos y actos de corrupción permanezcan impunes, e impedir el ejercicio de la libertad de expresión de ideas.

La politización de la justicia y la judicialización de la política son distorsiones propias de un sistema de justicia cooptado o dominado. La politización de la justicia se presenta cuando la justicia depende o está subordinada al poder político. Son manifestaciones de politización de la justicia cuando los juzgadores y fiscales son testaferros del poder, cuando la impartición de justicia es selectiva, así como cuando los gobernantes controlan la asignación y ejecución del presupuesto del Poder Judicial o despojan de inmunidad a funcionarios judiciales por motivos espurios, políticos o ilegítimos. Por otro lado, la judicialización de la política se traduce en la convalidación judicial del abuso de poder, en la tutela arbitraria de la acción política y en la persecución arbitraria de opositores y disidentes.

Asimismo, la censura de la prensa, las leyes “mordaza” y los ataques sistemáticos contra medios de comunicación, periodistas y comunicadores, incluso contra la vida, integridad personal y libertad de estos, son mecanismos represivos a través de los cuales se coarta el derecho a la información y se obstaculiza el acceso ciudadano a las noticias y opiniones diversas.

En América Latina, abundan los regímenes fascistoides y socialistoides que pretendieron someter o sometieron la justicia oficial a sus designios y propósitos. Por cierto, algunos de estos gobiernos se iniciaron ganando las elecciones y después se tornaron despóticos. Cabe recordar, por ejemplo, los regímenes fascistoides electos de Alberto Fujimori (Perú) y Jorge Serrano (Guatemala), así como los regímenes socialistoides electos de Rafael Correa (Ecuador), Hugo Chávez (Venezuela), Daniel Ortega (Nicaragua) y Cristina de Kirchner (Argentina). Otros gobernantes absolutistas e intolerantes llegaron al poder por las vías de hecho o fraudulentamente como Augusto Pinochet (Chile), Fidel Castro (Cuba) y Nicolás Maduro (Venezuela).

La censura, represión o asfixia de la prensa independiente también ha sido un objetivo de los regímenes represivos y opresivos. La prensa independiente dejó de existir bajo el despotismo en Cuba y Venezuela. Bajo los regímenes abusivos de Fujimori (Perú), Correa (Ecuador), Serrano (Guatemala) y Kirchner (Argentina), la prensa independiente fue víctima de censura, acoso, hostigamiento y agresión. En Nicaragua, desde abril de este año, los medios de comunicación, periodistas y comunicadores sufren persecución y ataques.

Inequívocamente, los juzgadores y los periodistas cumplen tareas claves, indispensables, singulares e imprescindibles para la armonía y la salud de la democracia institucional, así como para la plena vigencia de la autocrítica y del Estado de Derecho. Por tanto, es imperativo que se proteja su ejercicio profesional y que se castiguen las conductas tendentes a coartar su independencia de criterio, así como la perversa pretensión de subyugarlos y condicionarlos.