Domingo 20 DE Octubre DE 2019
Opinión

La desnutrición “le pela” a diputados y al Gobierno

¿Ha visto el lector algún esfuerzo serio del Gobierno o de los diputados, para aprobar un préstamo para combatir la desnutrición infantil crónica?.

Fecha de publicación: 08-12-18
Por: Gonzalo Marroquín Godoy

Crecer Sano. Ese es el nombre de un programa que debiera estar encaminado para combatir la desnutrición crónica infantil (DCI), un mal que afecta casi a uno de cada dos niños nacidos en Guatemala –al 46.5 por ciento para ser preciso–, lo que nos coloca como el peor país en Latinoamérica en esta materia, peor aún que países como Haití, Honduras o México, que también muestran índices alarmantes.

Según los datos a los que tuve acceso, –de fuentes oficiales y confiables–, más de 1.2 millones de niños guatemaltecos sufren por la DCI, lo que supone que han crecido o crecerán sin tener un desarrollo físico y mental normal, lo que les afecta de manera directa su vida.

Seguramente estimado lector, sus hijos no se encuentran dentro de esta macabra estadística, pero si pensamos en ellos, podemos comprender mejor la tragedia que esto representa, tanto para sus familias como para el país.

¿A qué viene que vuelva a abordar este tema en este espacio? Muy sencillo, la columna anterior la escribí por el comentario pendejo de un diputado que se oponía a la aprobación del préstamo del Banco Mundial, en condiciones sumamente favorables para el país, por US$100 millones –cerca de Q800 millones– para invertir en proyectos que contribuirían decisivamente en la lucha contra la desnutrición en el interior, específicamente las regiones más pobres del país.

¿Sabrán los diputados que aprobar la emisión de bonos –que sirven para cubrir el déficit del Presupuesto– es lo mismo que un préstamo, solo que en condiciones peores para el país, como tasas de interés, plazo y sin período de gracia? ¿Lo entenderán siquiera? Al parecer, no solo aquel diputado se opone al préstamo –bien les dicen tantas veces dipucacos– sino casi todos y lo mismo es para los funcionarios del Gobierno. Su argumento –por eso digo pendejo– era que no hay que endeudar al país más que para proyectos que sean rentables.

¿¿¿¡¡¡Qué más rentable que salvar vidas humanas y hacer que el crecimiento de los niños y jóvenes sea más sano y tengamos una población más competitiva¡¡¡??? Desde que estoy metido en esto del periodismo, he aprendido que las palabras de los funcionarios y políticos no siempre reflejan su sentir y pensar.

Dicen cosas para quedar bien o para parecer políticamente correctos, pero en la práctica hacen lo contrario o ignoran el deber ser, es decir, ignoran su responsabilidad y solo responden a sus intereses personales o de partido.

Dicen SI, pero en la práctica es NO. Simplemente no tienen la voluntad política de llevar a cabo lo que dicen o prometen. Por ejemplo, el presidente Jimmy Morales y varios de sus ministros, utilizan demagógicamente el tema de la desnutrición infantil para ensalzar algunos de sus programas –como el del desayuno escolar, que siendo bueno, no resuelve el problema–, pero a la hora de defender proyectos y el préstamo para Crecer Sano, no hacen ningún esfuerzo serio para impulsarlo.

Por eso no hemos visto que así como se moviliza a la bancada oficial (FCN-Nación) y sus aliados mayoritarios –los que suman 105 votos o más para aprobar cualquier babosada– para asuntos como el Presupuesto de 2019 y otras leyes de su interés, se haga lo mismo en casos verdaderamente de interés nacional.

El problema es que ese préstamo se perderá para los niños si no queda aprobado con la actual legislatura, lo que significa que si no se convoca por parte de la Junta Directiva a una sesión extraordinaria para conocerlo de inmediato, la niñez más necesitada perderá una oportunidad.

Los ministros de Salud, Desarrollo, Agricultura, Educación, con don Jimmy a la cabeza, debieran exigirles a los diputados que aprueben este préstamo y se dejen de tonterías. Así como el Presidente metió a todos sus ministros en un busito para que fueran a la CC a presionar en uno de los casos contra la CICIG, sería bueno que repitiera esa actitud colegial y los enviara al Congreso para que los diputados –al menos por una vez–, hagan algo bueno por el país.

Este es un buen ejemplo del marcado desinterés que tiene la clase política por sacar adelante al país. Eso sí, si se tratara de un préstamo por el cual podrían recibir alguna dádiva los diputados, o los funcionarios pudieran meter las uñas sobre esos fondos –que llegan bastante blindados contra la corrupción–, seguramente ya lo habrían aprobado… Pero como no es de beneficio para ellos, simplemente “les pela”.