Jueves 13 DE Diciembre DE 2018
Opinión

Refugio del Quetzal

Valioso esfuerzo a favor de nuestra biodiversidad.

— Roberto Moreno Godoy
Más noticias que te pueden interesar

Cada vez escuchamos más alarmas que nos alertan sobre la deplorable situación ambiental del país. Nuestra forma de vida ha tenido dramáticas consecuencias en el entorno, muchas de las cuales son irreversibles. Esto exige la puesta en marcha de políticas, estrategias y prácticas que ataquen la causa de estos problemas.

Todos tenemos algo que aportar para revertir o, al menos, para frenar los daños ocasionados. Nuestro país posee una riqueza natural singular. A partir del 2010 Guatemala fue incluida en la lista de los veinte países megadiversos.

En esta clasificación se hallan aquellas naciones que albergan el 70 por ciento de la diversidad biológica del planeta. Esto es muy significativo y motivo de gran orgullo, pero conlleva una inmensa responsabilidad para la conservación de miles de especies, muchas de las cuales son endémicas y muchas otras que aún no han sido descubiertas.

Todos los sectores, organizaciones y personas estamos llamados a proteger este valioso patrimonio. Esta semana la Editorial Universitaria de la Universidad del Valle de Guatemala presentó el libro “Refugio del Quetzal”, de los autores José Monzón Sierra y Michael W. Dix, el cual informa sobre el valioso esfuerzo realizado por la casa de estudios para estudiar y documentar la biodiversidad en dicha región del país, así como promover su protección y valoración.

El Refugio del Quetzal, reconocido por el Consejo Nacional de Áreas Protegidas como una reserva natural privada, se encuentra localizado en las faldas del volcán Atitlán, en Santa Bárbara, Suchitepéquez.

El sitio consta de más de mil hectáreas de bosques naturales en alturas medias y clima templado. Según explican los autores del libro, la reserva cuenta con una topografía muy compleja, caracterizada por pendientes muy pronunciadas, valles y barrancos, con alturas muy variables, entre 1,179 y 2,574 metros sobre el nivel del mar, lo que favorece la existencia de una gran riqueza de flora y fauna.

Destaca la presencia del quetzal y del pavo de cacho, en peligro de extinción. Además, es el hábitat de varios mamíferos de importancia, incluidos ocelotes, tigrillos, venados cola blanca y tepezcuintles, así como de infinidad de plantas, aves y de otras especies.

En la parte más baja y alturas medias de la reserva hay un bosque nuboso muy denso y húmedo. La parte más alta está marcada por arena y lava volcánica, dando lugar a vegetación rala, con predominancia de arbustos, hierbas y gramíneas. La estación de campo, que ofrece infraestructura básica para atender grupos pequeños de visitantes, se localiza a 1,565 metros sobre el nivel del mar. Posee dos senderos, uno que sube hacia la parte más alta de la reserva y el otro que va hacia el este y lleva a los mojones de las fincas vecinas.

Esta reserva natural fue organizada e iniciada por la doctora Anne Labastille en los años setenta en parte de la finca Panamá, propiedad del señor Owen W. Smith. En 1985 fue donada a la Fundación de la Universidad del Valle de Guatemala.

En 1994, el señor John Smith donó un área complementaria de la finca Mocá para ampliar la extensión del refugio. Estos aportes han dado muchos frutos. Además de programas educativos y de conservación, se han llevado a cabo diversos estudios, tanto por académicos de la UVG, como por investigadores de otras universidades y centros, lo cual se ve reflejado en varias publicaciones científicas.

El Refugio del Quetzal ha permitido que el Departamento de Biología de la UVG brinde una valiosa plataforma de estudio de la biodiversidad para cientos de estudiantes, profesores y especialistas, quienes se han involucrado en tareas de diseño experimental, ecología, identificación taxonómica, colecta de especímenes y análisis biogeográfico y sistemático aplicado a la conservación, entre otras.

Etiquetas: