Miércoles 12 DE Diciembre DE 2018
Opinión

Los compracurules se inquietan

Lo más fácil que se le ocurre, para escalar y enriquecerse, es comprar una curul.

— Silvia Tejeda
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Un compracurul es un sujeto, a veces protegido de los narcos, a veces con dinero propio, a quien la vida de comerciante ya le aburre. Influyente de pueblo, prestamista sin fin. Tiene dinero y se hace de amistades poderosas, porque se le ha metido en la cabeza convertirse y ser uno de ellos.

Lo más fácil que se le ocurre, para escalar y enriquecerse, es comprar una curul. Ser diputado transa y en cuatro años volverse millonario. Se necesita un cuero de cuatro suelas para lograrlo.

Busca los contactos con dirigentes de partidos políticos, acuerdan un monto, identifican los posibles reingresos a su pago, y ahí va para adentro. Ya como diputado ni piensa ni cuestiona, solamente obedece como soldado de cuartel, como perrito circense. Zafio y corrupto se vuelve millonario o millonaria para distinguir el género.

De estos sujetos se ha llenado el Congreso. Menos mal que no son todos. No se necesita ser biógrafo o antropólogo para saberlo. Son los seres más dañinos para la democracia guatemalteca, que han pasado por ese recinto.

Un compracurul ni se preocupa de leer la Constitución ni los tratados internacionales, menos las leyes de observancia general. No se interesa en conocer los problemas sociales y económicos que los guatemaltecos enfrentamos en el diario vivir. Saberlo, no está dentro de el decálogo de comportamiento que le imponen el partido y sus propios financistas.

Obedecer a las consignas más zafias y destructoras de la democracia es su única misión y hacer coro en las millonarias transas.
Los compracurules están muy inquietos estos días, casi en paroxismo y desesperados.

Permanecen agazapados en sus llamativas mansiones, construidas la orilla de carreteras de pueblos prósperos. Quieren el asiento de los tránsfugas, que por ley deberían ir para afuera el próximo año.

Ocultos, pero activos, organizan conciliábulos con narcos y caciques locales para que les hagan palanca desplazando previamente, a sus antecesores tan desprestigiados.

No duermen porque todavía no visten los colores del partido, ni se instalan por la carretera las vallas con su traje de marca con su imagen de hombre seductor, generoso y bonachón. ahora que el fotógrafo le prometió que con el photoshop no hay gordo feo, ni moreno sin su toque de español.

Tiene miedo que el Registro de Ciudadanos lo pesque y lo mande, de entrada, al barranco de los desechados por comeansias. Con ese Registro nunca se sabe. Usa la discrecionalidad cuando le conviene y cuando no, se comporta muy blando con los partidos más influyentes.

De repente, la situación los enfrenta a los tránsfugas ya excluidos por la ley que, como náufragos a la deriva, gritan buscando el auxilio de otros políticos que ya los abandonaron. Los espacios para comprar y vender curules ya escasean.

Es una auténtica tragedia para los guatemaltecos que algunos partidos se decidieran por ese nefasto negocio, que solo trajo como anatema la integración de un Congreso dominado por un mayoría de ignorantes equivocados manejados por corruptas consignas.

Ojalá de algo nos sirva para tomar en cuenta los abusos de quienes compran una curul a cambio de negociar con nuestras leyes.

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